Cuando estudiar tiene un precio muy alto

09-10-2017

LA MATANZA-. El femicidio de una joven en La Matanza por querer estudiar para ser docente e independizarse derivó en que otras compañeras se animaran a contar que también son víctimas de violencia de género por intentar seguir una carrera. Carla Giselle Bufano tenía 29 años cuando fue asesinada de seis balazos frente a sus dos hijos por Jonatan Ramos, su marido policía, quien luego se suicidó.

Los testigos presentes ese 9 de septiembre señalaron que el policía era celoso y posesivo, por lo que eran habituales las discusiones, mientras que respecto a la víctima, relataron que era pacífica, sólo se dedicaba a sus hijos y recientemente había comenzado a estudiar.

Santiago Gadda, profesor de Filosofía del Instituto Superior de Formación Docente y Técnica 56 de González Catán, en cuya comisión cursaba Bufano, contó que ella “hubiese sido una maestra indispensable”.

“No dejo de notar cómo es que sólo un cuatrimestre de cursada le dio la fuerza para querer materializar ese cambio para mejor que quería en su vida: le dio la fuerza para pararse frente al maltrato y decir ‘no va más’. Esa conversión, esa transformación en la actitud nos habla del potencial infinito de la educación al tocar una vida. Le costó la muerte, y por eso creo que tenemos que honrarla”, afirmó.

El profesor le dio difusión al caso luego de escribir un tuit que se hizo viral y que decía: “Vengo de velar a una alumna. Su marido le metió 12 balazos. Su problema fue creer que podía estudiar para no depender de él”.

“Me pareció bien entonces honrar la memoria de Carla dedicando un tiempo más importante de la clase a trabajar la cuestión de la violencia sin caer en la comodidad de las lamentaciones o de señalar con el dedo”, afirmó Gadda. “Hubo hasta quienes se ofendieron con el día de luto decretado institucionalmente”, ya que preferían que las puertas del establecimiento estuvieran abiertas para que se realizaran “jornadas institucionales para recordar a la compañera”.

“Fue emocionante ver ese compromiso, esa indignación movilizada en propuestas en acción: el desafío es mantener ese ímpetu. Definitivamente necesitaban hablar de eso y señalaron mucho lo importante que fue que uno habilite hablar del tema en clase”, relató el profesor.

Entonces, “muchísimas alumnas se animaron a empezar a hablar”, y los docentes del instituto advirtieron “un creciente número de casos de alumnas que comentan que los maridos no quieren dejarlas estudiar”.

“Por eso insisto en que lo primero es abrir el tema, tocarlo, trabajarlo, habilitar la discusión. No puede haber temas prohibidos en el aula. La oposición entre temas privados de los que no se puede hablar y temas a pedagogizarse es lo que hace que después no podamos detectar a tiempo para prevenir estos casos que después lamentamos”, sostuvo el docente y concluyó: “En este sentido es fuerte y profundamente significativa esa frase del feminismo que afirma que ‘lo personal es político’”.

 

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