9 de Julio: Los vencedores y vencidos de nuestra “independencia” 

15-07-2017

POR ALEJANDRO BRAILE.  

Buenos Aires tenía una concepción muy particular de la Independencia, ningún documento lo refleja con más claridad que la declaración del 9 de julio del congreso de Tucumán. El texto en su párrafo fundamental dice que el Congreso decidió “… investirse del alto carácter de una Nación libre e independiente del rey Fernando séptimo, sus sucesores y metrópoli.” Es decir, ser independiente, pero solo de España. La idea ya tenía un par de años, Gervasio de Posadas, Director Supremo en 1814, envió una comisión secreta a negociar con Fernando VII. El rey había recuperado casi todo el poder en Hispanoamérica, la misión era delicada, negociar sin despertar preocupación, la finalidad era ganar tiempo. Simultáneamente otro emisario visitaba Inglaterra y proponía renunciar a la soberanía bajo la figura de un protectorado en el Río de la Plata. Sin explicación alguna, la propuesta no prosperó. Pero el silencio de Inglaterra tenía sus motivos y los conocería el sucesor de Posadas, Carlos María de Alvear, que además era su sobrino. El flamante Director fue el que dio el paso más temerario, envió a Río de Janeiro una misión a cargo de Manuel José García, que tenía por objeto ofrecer a la Corona británica el Río de la Plata como protectorado. Pero la propuesta no tuvo ningún resultado, ya que Inglaterra acababa de firmar un tratado de alianza con el rey Fernando VII en julio de 1814, por el que Inglaterra se aseguraba una amplia apertura comercial que retribuía con una estricta neutralidad.

Mientras los hombres más decididos, como San Martín y Artigas -este último en pleno enfrentamiento armado con Buenos Aires-, seguían alentando la idea de la Independencia, otros estaban dispuestos a negociar un nuevo trato con el rey Fernando. Debemos recordar que Gervasio de Posadas firmó un decreto poniendo precio a la cabeza de Artigas y ordenó su captura vivo o muerto por traición a la Patria.

En la Villa del Arroyo de la China (Concepción del Uruguay), el 29 de junio de 1815, en el Congreso de Oriente, los Diputados de las provincias de Santa Fe, Corrientes, Misiones, Córdoba, Entre Ríos y La Banda Oriental, se congregaron para tratar la independencia de la Liga de los Pueblos Libres, el comercio interprovincial y con el extranjero, el papel de las comunidades indígenas en la economía de la confederación, la política agraria y la posibilidad de extender la confederación al resto del virreinato.

Hay que decirlo, Artigas no solamente declaró la independencia, no admitía al Directorio como gobierno general, sino como Gobierno de Buenos Aires, también llevó a cabo una reforma agraria, fue el primero en cuestionar severamente a la inviolabilidad de la propiedad privada. El Rey Fernando VII había repartido a diestra y siniestra campos que sus trasplantados dueños no podían recorrer a pie después de un día de marcha. El caudillo repartió esas tierras, algunos lo interpretaron como un castigo a los contrarrevolucionarios, sin embargo él describió el hecho como un acto de justicia con los que habían abrazado fervorosamente la revolución. A los enemigos de la revolución los llamó “malos europeos y peores americanos”. Como si fuera poco, dejo para todos los tiempos, una idea que quien se precie de político jamás debe olvidar, “que los más infelices sean los más privilegiados”, aparecía por primera vez en el Río de la Plata “la justicia social”. Los infelices eran, los esclavos que habían escapado de sus dueños, reconociéndolos como hombres libres, los gauchos, la indiada y todo aquel que no tenía donde caerse muerto.

Alvarez Thomas reemplazó a Carlos María de Alvear, que duró solo 100 días en el cargo, el flamante Director Supremo hizo pública su adhesión a la política independentista de Artigas, solo era un vil traición.

Para marzo de 1816 la frontera norte no estaba asegurada, fue necesario firmar el Pacto de los Cerrillos entre el porteño José Rondeau y el caudillo salteño Martín Miguel de Güemes. Después de las derrotas del Ejército del Norte al mando de Manuel Belgrano, en Huaqui, Vilcapugio y Ayohúma, las intenciones de los realistas eran ambiciosas, invadir todo el territorio perdido mientras el rey estaba preso. A partir del Pacto, las tropas de Güemes contuvieron en el norte los embates realistas, liberando a los ejércitos nacionales para que, al mando del General José de San Martín se pudiera avanzar más allá de la Cordillera de los Andes, hacia Chile y luego hasta Perú. La ambigüedad de Buenos Aires no fue un impedimento para que Artigas contuviera los embates de los portugueses. Fue así que a partir del 24 de marzo de 1816, en San Miguel de Tucumán se reunieron los 33 diputados para abrir las sesiones del Congreso de Tucumán. No participaron las provincias de la Liga de los Pueblos Libres o Liga Federal, salvo, y como no podía ser de otra manera, Córdoba. Artigas se comunicó con San Martín por carta, y le hizo saber que se declaraba argentino y que tiempo atrás, durante el Congreso de Oriente, la Unión de los Pueblos Libres ya había declarado la independencia.

Las exposiciones fueron interminables, hasta que los Próceres más influyentes, entre ellos San Martín, intimaron a los Diputados a hacer lo que tenían que hacer. El 9 de Julio el Congreso decidió “investirse del alto carácter de una Nación libre e independiente del rey Fernando séptimo, sus sucesores y metrópoli.” El 19 de Julio en sesión secreta el Diputado Medrano corregía la plana y agregaba “…y de otra dominación extranjera”. Los diputados quedaron para la posteridad grabados en los nombres de las calles del coqueto barrio de Palermo, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El Congreso siguió sesionando hasta que la discusión Unitarios o Federales lo clausuró, se trasladó a Buenos Aires y sancionó la Constitución Argentina de 1819, estableciendo de esta manera una República centralista.

Así fue la “Independencia”, con vencedores y vencidos. Artigas murió después de 30 años de ostracismo exiliado en el Paraguay, José de San Martín tuvo el mismo destino pero en Francia, Dorrego fusilado, Rosas exiliado en Inglaterra… La lista es interminable. Unitarios o Federales, liberación o dependencia, Braden o Perón…

La tremenda soledad del exilio, y la tristeza, la tristeza de no ver la patria liberada.

 

 

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