Mejor que decir, a veces es callar

Por Rody Rodríguez.

Un viejo apotegma del peronismo asegura que «mejor que decir es hacer», claro que ante la imposibilidad o la incapacidad de hacer, a veces mejor que decir es callar.

Este humilde consejo podría ser seguido por varios dirigentes políticos, por caso, los concejales de Cambiemos Lucas Delfino y Alfredo Carrasco.

Ambos ediles tienen la exigencia de cumplir con su rol de opositores en el plano local -por lo que se ven obligados a ejercer una posición crítica frente al gobierno comunal- y por otro lado, por obediencia partidaria, deben defender hasta lo indefendible al macrismo gobernante en Provincia y Nación.

Un ejemplo de esto se vio en la última sesión del Concejo Deliberante, donde entre otras cosas, se trató un proyecto del peronismo repudiando la decisión del gobierno nacional de eliminar el llamado «Fondo Sojero».

Lucas Delfino apeló al latiguillo de las inversiones que llegan a Hurlingham desde la Provincia o de la Nación y al igual que Carrasco expresó en más de una ocasión: «no sabemos dónde está la plata». Carrasco remató afirmando que estos son «los peores años de la historia de Hurlingham».

La realidad termina destruyendo el empeño de ambos en pretender cumplir con su rol de opositores.

El trillado recurso del «no sabemos que hicieron con la plata», queda invalidado por el propio gobierno provincial, cuyos organismos controlan y supervisan las inversiones que llegan a Hurlingham. Los ministros bonaerenses de Seguridad y de Educación, por ejemplo, saben muy bien donde está la plata. Pueden no saberlo los concejales de Cambiemos, aunque el «no saber» ya es parte del ADN político de Delfino. No solo no sabe en que se utiliza la plata en Hurlingham, tampoco sabe de dónde provienen los fondos para su campaña electoral, tampoco sabía de las actividades ilegales de las que se le acusa a su ex jefa inmediata Aída Ayala, y lo que es peor, parece no saber la situación por la que atraviesa el país, con una inflación que no se detiene, con una caída en picada de todos los índices económicos, una deuda externa que aumenta, una fuga obscena de divisas y la pobreza que aumenta dolorosamente.

En cambio, en algo tiene razón Alfredo Carrasco cuando opina que Hurlingham atraviesa los peores años de su historia. De hecho en muchos barrios se observan situaciones extremas como las vividas en el 2001 o el 2002, está claro que este distrito no puede ser un paraíso en tanto la Argentina sufre los peores años desde el retorno de la Democracia.

Hurlingham es parte de la provincia de Buenos Aires y de la Argentina, pero gobernada por un espacio político distinto, lo que permite la aplicación de medidas sociales, con un buen grado de sensibilidad, que atenúan las consecuencias del estropicio que provocan las políticas económicas de Macri y del FMI. Hoy el intendente de Hurlingham tiene la obligación de sostener en pie un municipio en medio del derrumbe de la economía argentina. Es muy difícil para los municipios mantenerse a flote cuando el gobierno nacional va a la deriva. Es gravísimo comprobar que cuando el gobierno nacional dice «Haciendo lo que hay que hacer» la respuesta es que solo hace daño.

Por eso cuando la realidad es tan lapidaria, es un error pensar que se puede tapar con críticas vacías, por más que se haga a los gritos. Es recomendable tener una mejor relación con el silencio.

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