El infierno de La Tablada, una historia que no terminó

Por Marcelo Félix Solís

Los primeros relatos de la crónica; en un día negro y ambiguo en nuestra historia reciente, dirán que apenas asomada la madrugada del lunes 23 de enero de 1989, un camión de reparto de gaseosas embiste de forma premeditada el portón de la Avenida Crovara, distante a poco más de 100 metros del Camino de Cintura, en el primer cordón del pluridimensional Partido de La Matanza. Esa primera acción violenta se desarrollaría sobre el puesto de vigilancia N°1 del Regimiento de Infantería Mecanizado 3 General Belgrano, con asiento en La Tablada.
El camión usado como ariete en el ingreso, había sido interceptado apenas 40 minutos antes del inicio de las acciones y era propiedad de la multinacional Coca Cola, todo un símbolo de la liturgia imperialista, que tenía en la zona un importante centro de distribución local…

Afiches del MTP del año 1988.

Con la primera sorpresa que emana de la llegada violenta de los 46 militantes del MTP, y con su comandancia dirigiendo las acciones desde el Complejo Habitacional Ejército de los Andes, se producen los primeros enfrentamientos y con ellos los primeros caídos de ambos bandos: militantes en armas enfrentando a tropas convencionales. El porcentaje mayoritario de la tropa se encontraba sirviendo el, por entonces vigente, Servicio Militar Obligatorio. Al momento del ataque, dentro del Regimiento 3 se encontraban bajo bandera 127 integrantes del personal; entre oficiales, suboficiales y conscriptos.
Pasada la incertidumbre de las primeras horas, se confirmó que el operativo era llevado adelante por militantes del Movimiento Todos por la Patria (MTP), encabezados por el cofundador del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT-ERP), Enrique Haroldo Gorriarán Merlo, caballero de las armas oriundo de San Nicolás de los Arroyos; que no solo había sido elemento fundacional del Ejército Revolucionario del Pueblo, si no que formó parte de las filas sandinistas y comandó la célula que el 17 de septiembre de 1980 mató en Asunción del Para-guay, al ex dictador nicaragüense Anastasio Somoza Debayle.

La cúpula del MTP: Roberto Felicetti, Jorge Baños, Francisco Provenzano y Fray Antonio Piuggiané, en conferencia de prensa del 16 de enero de 1989, denunciando un complot cívico militar.

Sobre las imágenes del pandemónium en el que se había reconvertido el infierno de La Tablada, los argentinos viviríamos dos días in extremis, donde -sin aviso previo- el imperio de la violencia haría mella sobre los cueros curtidos y las almas gastadas de quienes absortos rememorábamos dolores de tiempos demasiado cortos; acontecimientos que ya no contaban con la complicidad silenciosa de los medios de comunicación, por el contrario, retransmitiendo las escaramuzas en vivo y en directo por Crónica TV, empresa que en 1989 era sinónimo de información veraz y desprolija.
Entre algunos de los aspectos particulares de la conflagración, fue sospechosamente destacada por los medios, con Crónica TV en punta, la labor de los casi 1500 efectivos de la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Días de agitación para los camisas celestes, aunque el paso del tiempo pondría las cosas en su lugar. Se conocieron que durante el operativo se llevaron a cabo acciones ilegales de apremios, la utilización de tormentos para con los detenidos y la acusación sobre el uso de armas prohibidas en convenciones internacionales por parte de los integrantes de la fuerza de seguridad bonaerense. Según el historiador Gustavo Barrera, «el rápido despliegue de las fuerzas represivas se debió a que el Ejército contaba con información sobre un presunto ataque guerrillero a uno de sus cuarteles, por lo que el entonces general Francisco Gassino, reforzó la seguridad de las principales unidades del ejército ante la inminencia de un ataque.»

Tapa del diario vespertino La Razón del 24 de enero de 1989

El copamiento de La Tablada es considerado hoy, como el último atisbo de combate urbano en nuestro país, en parte comparable al otrora intento revolucionario en la víspera de la Navidad de 1975 en Monte Chingolo. Comparable desde el punto de vista de las actitudes y desarrollo táctico, nunca desde la anticipación de objetivos y aún menos desde lo estrictamente ideológico.
La Tablada pretendía ser una operación rebelde y movilizacionista, de alto impacto y rápido repliegue. A partir de posteriores investigaciones, se conocería que la idea original era, tal se da en el pugilato; «pegar y salir», sosteniendo como límite temporal de las acciones el mediodía del mismo 23 de enero. Apenas un puñado de horas para que «el asunto fuera resuelto».
Ese «asunto» era la «defensa» de la Democracia, retornada en 1983 y que, desde su propia fragilidad interna, ya conocía de capítulos de levantamientos y amenazas castrenses, endulzados por algunos grupos de la sociedad civil a los que históricamente la Democracia les generaba urticaria para su dermis demasiado sensible.
La génesis del ataque puede encontrarse a partir de lo que el grupo de comba-tientes entendían, se estaba gestando dentro de los anillos del poder nacional: un intento de golpe de Estado para derrocar al Presidente Raúl Alfonsín, siendo señalados como su-puestos ideólogos de una hipotética caída del gobierno: el candidato a la Primera magistratura por el PJ, Carlos Saúl Menem, facciones rebeldes del Ejército encolumnados detrás de la figura del Coronel Mohamed Seineldín y sectores del sindicalismo peronista.
Para tratar de compren-der el motor que impulsó a la acción de los militantes del MTP, en situaciones pretendidamente complejas y de amplio alcance, bien puede servirnos el intentar diseccionar intenciones originales y, en función belicista, los daños colaterales. Dentro de las primeras, en el ideario de los hombres y mujeres involucrados en el copa-miento, se sumaban no sólo la premisa de doblegar, a partir de la violencia, la voluntad que promueva la resistencia entre los hombres designados en el regimiento, si no -y allí otra parte de la locura- lograr, gracias al trabajo de grupos de apoyo agitadores (integrantes del MTP, fuera de las instalaciones del Regimiento); el respaldo masivo de la sociedad que, una vez informada de la «inminencia» del Golpe de Estado, haría de las calles su espacio legítimo de autodefensa política y social, rechazando de plano intentos a futuro y dejando en claro que los años de sangre y fuego ya formaban parte de los capítulos más infames de la reciente historia de los argentinos.
El presidente Alfonsín, recorre el regimiento tras los combates y observa el cadáver de una militante del MTP asesinada. Tras los enfrentamientos hubo fusilamientos y desaparecidos. 30 años después un militar reconoció que el entonces Secretario del Juzgado de Morón, Alberto Nisman, le hizo firmar una declaración falsa para encubrir delitos de lesa humanidad ocurridos entre el 23 y el 24 de enero de 1989.

El próximo 12 de febrero, continuarán las audiencias en el juicio sobre el homicidio y desaparición de José Díaz uno de los cuatro desaparecidos del MTP que habían sido capturados con vida. Además se dirime el posible encubrimiento y la actuación del ex Juez de Morón, Gerardo Larrambebere.
Se estima que el veredicto se conocerá a mediados del próximo mes de abril.
A tres décadas de los acontecimientos de La Tablada, el presente se impone a la historia…

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