Para Mario Ferrarese, “La leyenda continúa”

Por Gustavo Ríos.  El 21 de setiembre FM Triac cumple sus primeros diez años de vida.

Sin embargo, la historia de esta radio y de Mario Ferrarese, uno de los principales hacedores de este proyecto, se remonta hacia fines de los años ’60 cuando junto a su padre realizaba sus primeras experiencias utilizando como antena la soga de la ropa de su madre.

En esta charla con El Ciudadano, reconoce que la radio es un juguete que ama y define el perfil que tiene la radio desde hace poco más de un año como una experiencia que se abre a la participación del oyente.

 

Cuando fundaste la radio, ¿pensaste que iba a pasar todo lo que pasó en estos diez años y que Triac iba a llegar a donde llegó?

-Triac es como una cosa que viene del pasado cuando yo era chico y jugaba haciendo radio. En la época del proceso corté, le devolví la soga de la ropa a mi vieja, que la había usado para poner la antena de AM y en el ’83 estaba armando otro transmisor, para mis amigos; fue así como empezó todo, le puse una fecha formal, el 21 de setiembre, porque después del Proceso, me había quedado un pánico de salir al aire abiertamente. Empecé a emitir y le avisaba a los amigos. Cuando escuché que había radios probando, dije me animo, y le puse una fecha.

-¿Cómo es la historia anterior al proceso?

-Como mi viejo era radiotécnico, yo jugaba con las piezas y me empezó a gustar la electrónica. Un día en una revistita tipo Lupín, vino ‘arme su minitransmisor’. Entonces me armé con unas válvulas de mi viejo un minitransmisor y a mi vieja le cagué Radio Belgrano y le giré el dial y se lo llevé a Radio del Pueblo y ahí entraba mi pequeño transmisor. Ahí creo que empezó toda esta historia.

-Por el año ’70…

-Claro, yo recién estaba terminando el colegio. Después armé un transmisor un poco más potente, y cada vez más. Empecé a pedir libros para interiorizarme. En un momento toda la cuadra del cine Hurlingham, donde yo vivía, escuchaba la radio. Después un poquito más; alguien me decía ‘che a mi casa no llega’, y tocando un poquito el transmisor llegaba. La gran gloria fue por el ’72 cuando llegamos a Kilómetro 18.

-¿Cómo se llamaba esa radio?

-AM 30. Treinta porque me parece que era el día en que salí al aire.

-Y después el Proceso…

-Me acuerdo un famoso 24 de agosto del ’76, estaban las camionetas por ahí dando vueltas y me chuparon. Yo estaba probando un handy con mi viejo, para transmitir desde exteriores y me metieron en un Falcon verde y me llevaron. Yo después tomé conciencia de lo que me pasó; en ese momento no tenía idea. Uno de los tipos del Falcon dijo ‘vamos a fijarnos a ver si dice la verdad’ y pasaron por mi casa donde yo tenía armada la radio. Por suerte la semana anterior habíamos estado en la comisaría de Hurlingham porque en la base aérea también nos habían visto y fuimos a hablar con el comisario para explicarle en qué estabamos. Gracias a eso, nos llevan a la comisaría de Hurlingham y el comisario nos reconoció y ahí corté todo, le di la soga a mi vieja y me quedé en silencio sin dormir por varias noches. A fines del ’83, me dije ‘y si la armo otra vez’. Y cuando vi que otros se estaban animando empecé a darle prensa.

-¿Cuáles eran los contenidos de aquella radio de los ’70?

-Música, la que escuchábamos mi viejo y yo; y después cosas que inventábamos, mi viejo era un tipo muy creativo. Hacíamos radio jugando, para los vecinos, no había otra inspiración. Después cuando salí con la FM, ahí ya adopté un horario formal, empezaron a llover posibilidades. Me empezaron a traer pequeños cables para ir pasando información local. Hice mis primeras incursiones como locutor, así me fue. Empezó a aparecer la petisa (Graciela) González, la gran Peti que era locutora oficial pero no había ejercido. Nadie sabía lo que era una radio, vos ibas a un cliente y te decía ‘cómo una radio; y con un receptor la puedo agarrar’. Ahí la idea era ‘che, se pueden decir cosas acá’; las primeras ventas a la gente amiga que tenía su comercio: ‘te paso el avisito’.

-Ahora la radio cambió…

-Ahora es otra radio, ya se dejó toda la bohemia de lado… (risas). No, es la misma. En realidad mientras pasaba esto yo no disfrutaba de mi propia radio. Empezaron los primeros celos, porque vi que otra gente se metía en mi radio. Antes era mi juguete. Entonces empezó a producirse lo que después se tradujo en una época en que la radio afuera era muy escuchada, pero adentro era una crisis; yo prácticamente no estaba, escuchaba los programas en mi casa y me perdí la gran oportunidad, entre comillas, de ser la radio, por todo el factor humano que había, que era groso. En ese momento era todo necesidad de expresarse, recién salidos de la dictadura, llovían demos, gente, programas grosísimos. Pero la perdimos porque no había un conductor que tendría que haber sido yo y no me puse en el papel de decir che vamos a organizar esto. Empezaron a aparecer los ciclos, que por suerte ya se han ido, de prendo la radio, apago la radio; grandes crisis. En realidad seguía todavía aquel sueño de jugar con mis amigos en el barrio, de prenderla y apagarla cuando yo quería, pero yo no asumía que había tipos comprometidos, que venían con su carpetita, sus discos, sin cobrar nada ni pagar.

-¿Cuándo te planteaste que tenías que adaptarte a las leyes del mercado?

-Ahora que estoy charlando con vos… (risas). En realidad no debe hacer más de un año, yo me quería desligar, la quería vender. A principios del ’94 empezó a germinar la semilla de decir qué hago con toda esta historia de la radio, con lo único que sé hacer, lo único que más me gusta hacer. Ahí la perfilé y dije voy a hacer la radio, no que debería hacer, sino la que se me canta las pelotas; pasar sólo la música que me gusta, sólo los programas que me gustan. Empecé a crear ideas; hacer una radio muy dirigida; abandonar la idea de una radio para todos y dirigirse a un público. Paralelamente dije comercialmente, qué le puedo vender al comerciante de Hurlingham y empecé a hacer cosas para que el anunciante no sea más una rifa que vos le vendés para que el tipo te banque sino trabajar como agencia.

De a poquito el oyente empezó a pescar esa onda. No hay locutores en vivo que dicen ‘hola que tal amigos, 23 minutos pasaron de la hora ocho, vamos a las…’; ahí dije ahora está el nexo de hacer que el que hable sea el tipo que escucha. Entonces interconecto gente; llama un tipo y dice ‘puta que lo parió, otra vez Pink Floyd’ y lo paso al aire; y llama otro y dice ‘cómo que no, y qué vas a escuchar’ y se empiezan a hablar entre ellos, la radio no interviene; algunos empiezan a recitar. Eso empezó a encontrar un eco entre la gente. La gente se hizo fanática de la radio y cuando quiero hacer un pequeño cambio empiezan a putearme. Eran muy formales las FM. Ahí se avivaron las grandes FM de que estaban perdiendo terreno y empezaron a imitarnos, pero mucho mejor, con toda su tecnología, y le quitaron todo el laburo a las radios chiquitas. Ahora el saludito y el pasame el temita y el ser informal en un micrófono, todas las FM lo están haciendo, y lo hacen bien.

-¿Lo hacen bien, o te parece que hay una sobreactuación en algunos casos?

-Lo hacen bien porque tienen tecnología, computadoras, buenos locutores y buenos actores, si cabe, pero saber hacerlo, no se. Pero le sacaron el laburo a las radios chiquitas en las que había tipos diciendo ‘uy, me olvidé el tema’, ¿cómo un locutor iba a decir eso?. Tipos que trabajaban con efectos y simulaban que nadaban, o que venía un rinoceronte. Era subversivo en ese momento. O el Café con Triac, con Rody (Rodriguez) y el Poyo (Horacio Magnacco) que era sentarse a una mesa de un bar y decir, bueno, de qué hablamos. Pero ahora se agotó, no podés hacer una radio con eso; pero igual no pienses que hice esto porque dije ahora voy a inventar algo nuevo, en realidad salió. Tu pregunta inicial fue cuándo te pusiste a apuntar para ahí; en realidad empecé a tomar verdadero amor a mi propia radio.

-Retomaste la idea de jugar a la radio…

-Si, pero jugar en serio.

-¿Y se puede vivir jugando a la radio?

-Si lo hacés bien sí. La gente reconoce cuando pone la noventa uno que suena muy parecido a una radio grossa. Pero yo tuve que pagar un derecho de piso muy grande por aquella informalidad de Triac hoy no sale. El comerciante sabe que es una buena posibilidad anunciar en Triac, pero se pregunta saldrá hoy, a ver si la apaga el mes que viene. Ahora pese a las caídas intelectuales, físicas y sentimentales que tenga yo, la radio sigue prendida.

-¿Quiénes están laburando con vos?

-Hay gente que se acerca y hace, pero no hay un plantel estable. La que siempre me acompañó es Claudia, mi mujer, que me ayudó en toda esta historia. Están los viejos dinosaurios, Willy Frecha, la gente de Viaje al sonido, Utopía, Edis Buscarons, Isabel Laterza.

-¿Te parece que un poco la forma que tiene ahora la radio es una experiencia nueva en comunicación? ¿Es una apuesta al desarrollo y a la integración de la gente?

-En una de las pautas apuesto a eso; voy a hacer un carnet para los oyentes que se inscriban, radiosaurios se van a llamar, con un código para que cuando llamen a la radio pulsando eso entran directo al aire. Quiero instaurar la idea de que la gente desde la casa haga un programa, preparándose, con pautas que le iremos enviando para decirle buscá un lugar cerrado, con un par de alfombras. Reglas básicas para hacer radio en casa. Creo que ahora está la moda de ‘yo llamo a Triac y me sacan el llamado al aire’; por ahí el tipo está pensando lo que quiere decir, me está desafiando a qué es capaz de llamar y yo le tengo que pasar el mensaje tal cual como él me lo dijo, no se si esto va a cambiar la comunicación. No estoy seguro de lo que puede pasar.

-No tenés una perspectiva de qué querés que pase…

-No, la abrí, y en un momento me sugirieron que al tipo que jode no lo mande al aire; pero eso no es lo que yo quiero hacer, si no estoy manejando la información. Otra de las teorías es que ese tipo se va a ir yendo sólo de la radio…

-O va a dejar de eruptar…

-O va dejar de eruptar, pero no hice un estudio del tipo bueno, por esta experiencia que hizo Piaget en el año tal, yo… Salió eso y está saliendo. Por ahí las consecuencias para la radio son nefastas, porque después dicen no llamés ahí o no escuchés, porque carajean todo el día, o llama cualquiera. En realidad creo en el equilibrio cósmico, se va a producir una alquimia por la que si vos tenés ganas de joder no vas a llamar a la radio, porque aunque no des tu nombre vas a sentirte como desubicado por el tipo que después llamó y dijo otra cosa.

-¿Qué vas a hacer para festejar los diez años, tanto en el aire como fuera del aire?

-Esto de hacer una fiesta salió un poco forzado; queríamos hacer la gran fiesta tipo Rock and Pop, pero los Rolling Stones no quieren venir. En realidad, quería armar un gran escenario y sobre la tardecita después de que tocaran las bandas poner una gran pantalla y pasar los recitales de estos monstruos; y después dije sillas, gente, y bueno, el control y quién haría qué. Después me empezaron a llenar la cabeza para hacer la fiesta, vino este chico de El Galpón y me dijo por qué no, un brindis. Ahora en este momento está el caldo ahí dando vueltas para hacer una galería en la que el oyente que llegue, junto al comerciante y el político encuentren la historia de la radio, en fotos, algunos viejos dinosaurios; tengo las filmaciones de cuando empecé a armar la segunda radio y toda la gráfica que tuvo la Triac a lo largo de los diez años. Vamos a hacer como un Shoping Triac, no sé como llamarlo, pero no para enriquecernos sino para que se encuentren todos ese día; no sé cómo va a salir. Y el día del cumpleaños hacer un programa, desde la mañana hasta la noche con todos los tipos que estuvieron, y tal vez creo que con una gran participación del oyente, que antes no sabíamos realmente si estaba.

-De mi parte nada más…

-Bueno, ahora cuando cortés te digo la verdad.