Un día como hoy se fundó el Partido Peronista Femenino

 

25 de julio de 1949

El Partido Peronista Femenino fue la organización política de mujeres más grande del mundo en su época. Creado en julio de 1949 por Perón y Evita, en solo dos años, de los seis que vivió, llegó a contar con 3600 unidades básicas en todo el país, 29 diputadas y seis senadoras.

El Partido Peronista Femenino fue creado formalmente el 26 de julio de 1949 en la Asamblea Nacional del Partido Peronista, y lo presidía Eva Duarte de Perón. Buscaba brindar una herramienta política para organizar a las mujeres que habían conquistado su derecho a votar en septiembre de 1947. Pero, ¿por qué no incorporarlas a la estructura partidaria existente? Podemos agrupar los motivos en políticos, electorales y socioculturales.

El motivo político por el cual se creó el PPF, fue para equilibrar el poder del sector político y del sector sindical hacia el interior del Movimiento Peronista. La estructura electoral-partidaria existente desde 1946 estaba atravesada por la disputa entre el sector sindical, organizado políticamente en el Partido Laborista (PL), y el ala política, conformada por la Unión Cívica Radical Junta Renovadora.

Para resolver estas disputas, luego de las elecciones presidenciales de 1946, Juan Domingo Perón había formado el Partido Único de la Revolución Nacional (PURN), espacio en el que solo se acentuaron las pugnas previas entre estas dos alas.

Luego de dos años de disputas, que incluyeron el pase a la oposición de sectores sindicales minoritarios como el de Cipriano Reyes en la provincia de Buenos Aires, Perón accedió a la conformación del Partido Peronista, organización en la que se buscaría balancear el poder entre ambos sectores.

Uno de los mecanismos que logró satisfacer al sector sindical fue la posibilidad de que existieran dos tipos de afiliaciones y de unidades básicas. Es así que a partir de ese momento existirían locales partidarios conformados únicamente por miembros del mismo sindicato que estuvieran afiliados al peronismo, y locales de los que participarían los afiliados políticos, estos más vinculados a la UCR-JR.

Es posible que nos preguntemos el motivo por el cual Perón se esforzaba en mantener dentro del movimiento a los dirigentes de la JR y, a grandes rasgos, existen dos explicaciones: la primera, es que los políticos provenientes de esa corriente del radicalismo contaban con experiencia en el manejo político institucional y Perón necesitaba de ese conocimiento; la segunda, es que para poder contar con mayor capacidad de acción Perón para equilibrar el poder de las fuerzas del Peronismo.

Pero las diferencias entre ambos sectores había llegado muy lejos, y si bien había tomando carácter absolutamente público, allá por 1946, ahora comenzaba a dificultar los objetivos de Perón. Es así que el surgimiento de la Rama Femenina viene a aportar un tercer actor insoslayable y absolutamente necesario para complementar el poder del ala política y del sector sindical.

Aprovechando que las mujeres no tenían participación política previa, Perón asignó a Evita la misión de crear un partido absolutamente independiente del masculino y de sus internas, que tuviera una lógica vertical y que respondiera a la conducción nacional.

«Cuando yo organicé el movimiento lo organicé sobre tres patas, no sobre una o sobre dos. Nosotros manejamos la acción popular a través de la línea sindical, pero también a través de la línea política, y lo manejamos en la línea política por el lado masculino y el femenino», explicaba Perón años después al señalar la forma en la que lograba balancear el poder de todos los sectores que formaban parte del movimiento.

El 9 de septiembre de 1947 el Congreso de la Nación se aprobó el sufragio femenino. Era necesario realizar el censo de esas mujeres para poder tener el padrón electoral. El trabajo tomó más de cuatro años y por eso –a pesar de ya estar legalizado– las mujeres aún no pudieron votar en las elecciones legislativas de 1948, ni en las constituyentes de 1949.

Desde el momento en el que se promulgó la Ley, Perón sabía que era necesario organizar y darle una herramienta electoral a la mitad de la población argentina que representaban las mujeres. Esa herramienta fue el PPF.

El 25 de julio de 1949 se realizó en el estadio Luna Park de la capital del país la Asamblea Nacional del Partido Peronista. Allí habló Perón e informó sobre la creación del Partido Peronista Femenino. Al día siguiente, bajo el lema «Perón cumple, Evita dignifica», se realizó en el Teatro Nacional Cervantes la primera asamblea de la rama femenina, con la participación de más de 1500 mujeres, muchas de ellas de la Fundación Eva Perón, otras de los centros cívicos femeninos.

Evita remarcó que las mujeres formaban parte de los sectores que habían estado excluidos antes de la revolución del 4 de junio, que había llevado a Perón a la Secretaría de Trabajo y Previsión en 1943. Aseguró que las mujeres argentinas habían sufrido hasta ese momento «las mismas negaciones e injusticias que caían sobre ese pueblo y sumado a ellas, la suprema injusticia de no tener derecho a elegir ni ser elegida, como si ella, que era la garantía del hogar y de la vida y la educación de sus hijos, desde la cuna hasta la madurez, resultara un peso muerto para el perfeccionamiento político de la colectividad».

Entre el 26 y el 29 de julio, hablaron alrededor de 200 mujeres por día, y en sus discursos reconocían la labor de Perón como máximo conductor del movimiento y de Evita como líder del PPF. A partir de ese día, el trabajo en la organización del partido se pondría en marcha de forma vertiginosa.

El tercer motivo por el cual se decidió realizar una organización separada de la de los hombres, es cultural y social. Tiene que ver con el desprestigio al que estaba sometida la política como práctica luego de la llamada Década Infame, que significó 13 años de fraude electoral en el que los presidentes se pactaban entre los sectores oligárquicos. Esos acuerdos que eran refrendados en elecciones fraudulentas avaladas por parte del Partido Radical, el Partido Conservador, el Partido Demócrata Progresista y del Partido Socialista.

Además, es necesario que seamos conscientes que en esa época el lugar normal de la mujer era el hogar y la escuela. Lentamente desde fines del siglo XIX, algunas mujeres habían ido ganando espacio en las universidades, en las fábricas y se habían comenzado a implicar en política. Pero esa participación no era masiva, por lo tanto, la creación de un espacio especial para que la mujer participara en política, era una forma de, por un lado, protegerla de las internas del partido, y por el otro, que las mujeres que pudieran estar reticentes a involucrarse políticamente, pero que quisieran colaborar con el peronismo, lo pudieran hacer sin ver afectada su imagen

El Partido Peronista femenino fue una herramienta de poder electoral y político, pensada para contrapesar el poder de las otras dos ramas, la política y la sindical. Nació como una organización con gran capacidad de acción, y donde la lealtad a Eva y a Perón era uno de los valores principales junto con la abnegación. Con el tiempo se transformó también en la herramienta electoral que llevó a las mujeres a espacios de poder y una herramienta organizativa con las que las mujeres justicialistas llevaron adelantes sus reivindicaciones.

Perón decía en 1945 que «algunos creen que la reforma social se reduce a aumentar los salarios y a organizar en forma distinta el trabajo y el descanso. Va ello mucho más lejos de lo que se imaginan. La primera parte es todo lo intrascendente de la reforma social. La reforma de fondo está encaminada a resolver el problema político de las masas proletarias, dándoles a todos el acceso a la administración, al gobierno y a la legislación del Estado».

El Partido Peronista Femenino buscó dar una respuesta a ese problema político del que hablaba Perón. Y fue así que se convirtió en otro ámbito, junto al sindical, mediante el cual el peronismo generó una redistribución social del poder. Solo dos años después de haber nacido el PPF llegó a contar con 3600 unidades básicas en todo el país, 29 diputadas y seis senadoras. Este es el gran motivo por el cual los sectores oligárquicos de nuestro país odiaron con todas sus fuerzas a esta organización política y a su presidenta Eva Perón, porque dio poder a sectores que no lo tenían.

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