No negociamos con terroristas

     

    Por ALEJANDRO MARCÓ DEL PONT

    Argentina tiene que ser responsable, patriótica, tener voluntad de negociación…, etc., etc., etc. Es extraño, o tal vez no, el andamiaje propuesto desde los titulares de los medios hasta los dichos de la clase política. Si desde el progresismo se le puede criticar algo a este gobierno es que ha sido el Ejecutivo más pagador de deuda de la historia del país, y aun así tiene que demostrar voluntad de pago.

    Se le pagó al FMI; se arregló con el Club de París; se abonaron puntualmente los pagos de restructuración de la deuda con el 93% de los tenedores; se le pagó a Repsol; se terminaron los juicios con el Ciadi. ¿Dónde estaría la falta de voluntad de pago? En los hechos, al menos, no.

    Pero llama la atención que los titulares diarios le endilguen al Ministerio de Economía la amenaza de no pagar los vencimientos este mes. No vamos a tratar cuestiones demasiado técnicas aquí, pero si intentaremos mostrar que no hay espíritu negociador desde los fondos buitres ni desde el gobierno norteamericano.

    En este rally de información se ha escrito y mencionado mucha impureza, en algunos casos, supongo, por un total desconocimiento del tema, y tratando de sacar rédito político; y en otros, con una mala fe manifiesta. Dentro de lo escrito llama la atención una nota de Pablo Wende en Ámbito Financiero, del 17 de junio: “El gobierno tiene ahora 100 días para negociar”. A contrapelo de los dichos de los demás medios de información, la nota describe a mi juicio dos temas importantes. La primera es que, hasta ese momento, la justicia americana no había levantado la medida cautelar o Stay, por lo que los pagos del Discount del 30 de junio por U$S 907 millones quedan al margen de posibles embargos, como tampoco habían sido plausible de embargo el pago realizado el 2 de junio del Global 2017 realizado en NY.

    El segundo punto es que no todos los vencimientos se rigen por la legislación de NY; una parte se encuentra emitida con la ley local, por la cual su pago estará depositado en la Caja de Valores. En síntesis: el país, hasta el 18 de junio, tenía un margen de negociación de aproximadamente 100 días, cuando el 30 de septiembre vencieran U$S 190 millones del Bonos Par. O puesto de otra manera: de los U$S 200.000 millones de la deuda argentina, sólo U$S 6.000 millones están emitidos con ley extranjera.

    Hasta aquí la cuestión en gris; pero no hay motivo de suspensión de pago (default) y existía un margen, aunque acotado, de negociación. Sin embargo, otra vez a contramano de los preceptos mínimos de negociación, el juez Griesa levantó la medida cautelar o Stay, de manera que si Argentina deposita los fondos en NY para pagar la deuda reestructurada, esos fondos serían embargados a favor de los fondos buitres y no llegarían a los destinarios. El mismo procedimiento que con una deuda de tarjeta de crédito: cuando entra a su cuenta un pago en el banco acreedor, éste lo absorbe.

    Pero, para los medios en general es el Ministerio de Economía el que amenaza con incumplir sus obligaciones, cuando técnicamente resulta imposible pagar. A esto ellos lo llaman inexistencia de voluntad de negociación.

    Al juez Griesa los dichos de la presidenta argentina no le dan confianza y son ofensivos; cambiar el lugar de pago se tomará como una agresión y como un desconocimiento del tribunal; tener que recibir a los abogados argentinos recortará sus vacaciones, lo cual seguramente le genera molestias; pero nada de esto representa desinterés por negociar. Más bien, de esto se desprende, de manera más que transparente, que quien no quiere negociar es la justicia americana, que desea que éste sea un escarmiento; no hay negociación sino una suerte de asesinato. Por más juez del país que sea, resulta difícil acatar una sentencia que obliga a suicidarse.

    Ahora bien, ¿cuál es la lógica desde los medios y desde el sistema judicial y financiero para poner al país en este brete? Desde los medios resulta insólito que se critique a un país que ha pagado durante todos estos años. Es poco entendible desde la perspectiva del mercado de capitales, que se beneficia de estos pagos regulares y del cumplimiento de lo acordado con el 93% de los tenedores de bonos, pero se cree falto de voluntad de negociación por el 7% restante. En cuanto a los fondos buitres el razonamiento es más transparente: compraron seguros para la suspensión de pagos, de tal manera que cobrarán el seguro y después la deuda al 100%. Negocio redondo.

    La evidencia está a la vista: el accionar de los fondos buitres es lógico. No obstante, seguimos creyendo, a pesar de las muestras en sentido contrario, que la justicia americana, la corte y sus jueces, no se manejan con escenarios políticos ni presiones inherentes a su tiempo. Pero la lógica que aplican en este caso demuestra que se mueven como la justicia de cualquier país, por los intereses que primen. Y en este caso no es anormal: quienes manejan al mundo son los especuladores; lo lógico es secundarlos.

    Nos quedaría una sola pregunta sin responder. ¿Qué pasaría si se pone por ley del Congreso que todos los bonistas que creyeron en la Argentina cobren en sede nacional, cualquiera sea el banco, y se hace caso omiso del restante 7% y de la sentencia de los tribunales americanos? La respuesta de los críticos es que el mundo se cae; Argentina entra en crisis y queda aislado del mercado de capitales mundial. A este pobre argumento quisiera recordarle que durante diez años hemos estado fuera del mercado de capitales. Y se ha puesto como una bendición que no estuviéramos dentro del sistema porque la crisis mundial no nos afecto de manera directa. Pero ahora aparecen una serie de supuestos de catástrofes nunca demostrados.

    Hasta donde alcanza mi memoria, a Islandia no le pasó nada cuando decidió no pagar la totalidad de la deuda, no solo una parte, como en nuestro caso. Más aún, encarceló a los banqueros que la endeudaron y a los políticos que acompañaron estas decisiones. Y comenzó a crecer con más fuerza que antaño. Claro, se nos dirá, Islandia es un país chico; 350.000 habitantes no pesan en la economía global. Pero si creemos que 40 millones de habitantes frente a una población de 6 mil millones, con un PBI pequeño y una nula participación en el mercado mundial de capitales es un caso diferente al islandés, estaremos muy equivocados.