La historia de Ana María Acevedo, la chica que murió por no realizarle un aborto se conoció en el mundo

Hace pocos días estaba en la ladrillera, donde trabaja con su familia. El horno está en el mismo terreno de la casa, humilde, sin revoque, ni verde alrededor, en la que viven. El sábado caminó la alfombra roja del Festival de Cannes, como protagonista del documental Que sea ley, sobre el aborto en Argentina. Norma Cuevas, la madre de Ana María Acevedo, es el rostro más requerido por la prensa internacional, en el marco del estreno de la película: su testimonio en el film, rodeada de su esposo y nietos con el pañuelo verde al cuello, deja sin aliento, conmueve, horroriza. Sobre todo la última frase, cuando cuenta cómo la mató el fundamentalismo religioso enquistado en un hospital público de Santa Fe: «Atada de manos y pies, así murió ella».

La entrevistaron periodistas de The New York Times, Televisa, de México, TVE, El País, de Madrid, de los franceses Le Monde Diplomatique y Le Figaro, de medios de Canadá, Alemania, Polonia, Suecia, y hasta de Bangladesh. Uno de los periodistas –fueron tantos que no recuerda cuál– no pudo terminar el reportaje porque se quebró, al escucharla, y tuvo que cortar la grabación.

Norma se mostró siempre, adonde fue, con la foto de su hija. Lo único que quiere, dice, es que vayan presos los médicos responsables de no haberle garantizado un aborto terapéutico, en 2007, cuando le detectaron un cáncer de mandíbula: la obligaron a continuar con un embarazo reciente hasta que le hicieron una cesárea –a los seis meses de gestación– y Ana María tenía la cara deformada por el tumor y estaba ya casi muerta. Nunca le brindaron el tratamiento oncológico que necesitaba. Dos curas la visitaban diariamente en la habitación del Hospital Iturraspe.

La criatura sobrevivió apenas 24 horas y Ana María, 14 días más, recuerda Norma, cada dato, cada episodio, como si hubiera sido el mes pasado. La adolescente tenía 19 años y era madre de tres hijos. Los dos más chicos, César Osvaldo, de 14 años y Juan David, de 13, aparecen en el documental del cineasta Juan Solanas, cuyo estreno amplificó en Cannes el reclamo por la legalización del aborto en Argentina, con la presencia de activistas de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. El mayor de los hijos de Ana María, Aroldo Román, de 17, no quiso mostrarse ante la cámara, por timidez, dice la abuela. Cuando Ana María falleció, el menor de los tres hijos tenía apenas un año y tres meses.

En la película Que sea ley, habla Norma, pero se ve a su esposo Aroldo Ramón, de 65 años, y a varios de los 21 nietos que tienen, con el pañuelo verde al cuello. Uno de los hallazgos del documental de Solanas es, tal vez, que muestra la pobreza que rodea a la familia de Ana María. «No le daban tratamiento. Por el feto no le querían dar», recuerda Norma a Página/12.

La historia de Ana María se convirtió en emblema de la Campaña, que la acompaña en su lucha judicial. El documental no muestra –y este ha sido un aspecto señalado por integrantes de la Campaña– los cambios que se produjeron en el acceso a los abortos no punibles desde aquel caso hasta la actualidad, a partir del activismo verde, como la implementación de protocolos de atención, luego del caso LMR y el fallo FAL. De todas formas, todavía no funcionan en todas las provincias, y en algunos hospitales –como se vio en el caso de la niña Lucía, en Tucumán– siguen imperando obstáculos ilegales y arbitrarios, cuando se pide una interrupción legal de embarazo. O se somete a las mujeres que llegan con abortos en curso a atenciones tortuosas a modo de castigo, como refleja el documental.

Norma anda por Cannes con una carpeta de folios con fotos de su hija. De esa carpeta saca una en la que Ana María está ordeñando una vaca: «tendría 8 o 9 años», calcula. Hay otras: se la ve montada arriba de una oveja con un primo, divertida, también de cuando tomó la comunión con guardapolvo blanco a falta de vestido para la ocasión. Una muestra la casa que tenía la adolescente, una tapera muy precaria: la misma foto está en la película. Al hijo mayor y al menor, los crio Norma y su esposo «porque tenían el apellido de ella; el del medio vive con su papá. Los tres van a la escuela», apunta Norma.

Viven en una zona rural de la localidad santafesina de Vera. En el mismo terreno donde está la casa, montaron hace años un horno de barro con el que hacen ladrillos. Un intendente de la zona les compra la pequeña producción, pero el jefe comunal de Vera, no, comenta Norma. La venta de ladrillos apenas les alcanza para sobrevivir, dice. Los padres de Ana María y sus hijos recibieron del estado provincial una reparación económica de 450 mil pesos hace pocos años.

En Vera se está por inaugurar una plazoleta con su nombre. También va a llevar su nombre una sala del hospital local. Hay murales que la recuerdan frente al Hospital Iturraspe, donde murió, y en la ciudad de Reconquista.

Ana María era la segunda de los cinco hijos de Norma y Aroldo, eran cuatro mujeres y un varón. Con su esposo están juntos desde que ella tenía 16 años y él, 32. Norma ya tenía una hija de un año y tres meses, cuando se conocieron. «A mi hija la asesinaron», afirma Norma, con esa mezcla de dolor interminable y bronca acumulada. Y se refiere a los médicos que la atendieron.

El juicio por la mala atención que recibió la adolescente sigue en curso: 12 años después todavía no se llegó a sentencia. «Yo me di cuenta desde un principio que hacían todo mal, siendo que no tengo estudios ni nada. No le daban tratamiento. Por el feto no le querían dar», dice Norma.

Dos de los médicos imputados fallecieron. «Si no venía para acá, estaba por encadenarme a los tribunales de Santa Fe con los chicos», cuenta a este diario en Cannes y se queja por los tiempos de los tribunales. En 2008 fueron procesados seis médicos que tuvieron responsabilidad en la muerte de la adolescente, recuerda la abogada santafesina, de la Campaña, Lucila Puyol. Fue la primera vez que se lograba una imputación contra profesionales de la salud en el país por no garantizar un aborto legal, destaca Puyol, que acompaña a Norma en Cannes.

Los procesados fueron Andrés Elena, quien era director del Hospital Iturraspe, César Blajman y Raúl Musacchio, jefes por entonces de Oncología y Ginecología en el mismo centro de salud. Los tres fueron procesados por lesiones graves culposas e incumplimiento de los deberes de funcionario público. También fueron procesados, pero solo por el último delito, Sandra Barberi, directora del SAMCO de Vera, y el médico de ese centro de salud, José Manuel García, y Jorge Venanzi, jefe de Radioterapia del Iturraspe. «Desde el SAMCO de Vera no la quisieran trasladar al Iturraspe. Le dieron el alta bajo la responsabilidad de los padres y ellos se encargaron de llevarla», recordó Puyol. Elena y Musacchio murieron, con el juicio en curso. El caso se juzga por el código procesal viejo –es decir, escrito, y no es oral– y está en etapa de dictar sentencia, explica Puyol. Doce años pasaron. Para Norma y su familia, una eternidad. Que ninguna mujer pase por lo mismo y no se olvide lo que hicieron con Ana María: eso quiere Norma.

Está contenta de haber venido al Festival, para apoyar a la Campaña, para que se apruebe la legalización del aborto finalmente, dice. El 28, viajará a Bueno Aires para acompañar la presentación del nuevo proyecto en la Cámara de Diputados.

(Fuente Página 12)

 

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