Partidos políticos o liderazgos personales

    Por VÍCTOR STEFANONI *

    Artículo 38  de la Constitución Nacional: “Los partidos políticos son instituciones fundamentales del sistema democrático…”. Esto es que deben estar institucionalizados:

    Carta orgánica, convenciones nacional y provinciales, órganos ejecutivos  nacional, provinciales y distritales, garantías para la representación de las minorías, etc.

    Se decía que la Unión Cívica Radical era uno de los pocos partidos “institucionalizados”. Hace rato dejó de serlo.

    La desnaturalización comenzó en 1946, cuando el radicalismo integró la Unión Democrática, aquella que fue caracterizada, por el peronismo, con el slogan «Braden o Perón».

    La UCR, gobernada por los radicales «antipersonalistas», es decir no yrigoyenistas, se juntó, en la Unión Democrática con los socialistas, los comunistas y los conservadores de la «concertación», todos ellos corresponsables y participantes de la revolución del 6 de setiembre de 1930,  que destituyó al gobierno constitucional del Dr. Hipólito Yrigoyen, origen de todos los quiebras institucionales de la República.

    Más tarde, en el 2000, vino la Alianza para el Trabajo, la Justicia y la Educación (UCR-Frepaso). Luego siguió el UDESO, más tarde el FAP, ahora la FAUNEN…el desconcierto es total, en especial para los radicales del interior del país: no encuentran más las boletas de la UCR en los comicios.

    Hoy, para agregar mayor confusión están los “cinco grandes…”, además de las

    excursiones conjuntas visitando a la Pachamama, están dando un lamentable espectáculo mostrando la forma irresponsable de terminar con el histórico partido radical.  Mientras algunos de ellos proclaman que “…quieren frentes sólo con las izquierdas”, otros se agrupan con entelequias políticas inexistentes, con líderes/as que no ganaron ni una interna en sus pueblos. Mientras tanto, otros radicales responsables  van armando estrategias electorales que nos hacen pensar que todavía podemos salvar a la UCR y salvar a la Argentina de otro devastador período de los transumantes que venimos soportando desde hace muchos años.

    En las elecciones del 2003, el partido radical, agrupación institucionalizada, luego de los desaciertos del gobierno UCR-Frepaso, obtuvo el 2% de los votos con Leopoldo Moreau a la cabeza.  Fue castigado en las urnas. El Frepaso, inexistente, integrado por justicialistas, bien gracias… nadie fue castigado.

    El justicialismo, con Carlos Menem providencial, nos dejó recuerdos muy negativos de su gestión. ¿Castigo?: Menem senador, Duhalde  Presidente y los Kichner, bueno, todavía están… Van y vienen, porque no tienen un partido institucionalizado.

    Cambian de nombre según la ocasión: peronismo, justicialismo, camporismo,

    duhaldismo, kichnerismo, cristinismo, sciolismo, massismo… y seguirá hasta que…  Ahora, las esperanzas del justicialismo son Daniel Scioli y Sergio Massa, que va y viene y  que ahora se olvidó de su gestión en la otra vereda y promete soluciones para algunos de sus propios desaciertos, descaradamente acompañado por muchos corresponsables  de las penurias que vive el país… ningún castigo para el justicialismo, que nos viene

    gobernando 24 años de los 31 de Democracia… y así estamos.

    Ya basta de continuar idealizando a conductores providenciales por ausencia de los

    Partidos políticos. Al no existir estabilidad e institucionalidad en los partidos políticos, los “conductores”, se manejan con promesas e idealizaciones propias, individuales, sin garantía alguna respecto de su cumplimiento o ulterioridades.

    Es correcto lo dicho por el Dr. Diego Guelar, en Clarín, página 36, del 9 de octubre pasado: “…sin sistema de partidos, sólo quedan los liderazgos personales que son, ineludiblemente, transitorios y, finalmente, fracasados”.

     

    * Ex concejal de la UCR