La patada fatal contra el pobre

(Dibujo Matías De Brasi)

Un policía de la Ciudad mató a un hombre que se encontraba en estado de ebriedad, al golpearlo con una patada en la boca del estomágo, que resultó fatal.

El hecho ocurrió el lunes por la mañana, sobre la bicisenda de la calle Carlos Calvo al 2500, entre Saavedra y Alberti, barrio de San Cristóbal.

Las justificaciones de la intervención policial aluden a que el hombre interrumpía el tránsito amenazante con un cuchillo, según la denuncia de un colectivero.

Las imágenes, viralizadas en el video contradicen la peligrosidad del denunciado y el motivo de la violencia en la intervención policial.

El policía quedó detenido a disposición de la justicia, mientras que familiares de la víctima desmintieron la información policial.

El secretario de Justicia y Seguridad porteño, Marcelo D’Alessandro, defendió la actuación del uniformado.

El informe previo de autopsia indicó que la víctima falleció por una fractura de cráneo, que probablemente se le haya producido al golpear sobre el asfalto.

El origen de la intervención policial fue un supuesto llamado al 911 en el que una supuesta pasajera de un micro de la línea 57 denunciaba que un hombre armado con un cuchillo interrumpía el tránsito. «Hay una persona que está drogada y con un cuchillo en la mano y no deja pasar», dijo la mujer en el presunto parte policial reproducido por la agencia Télam.

Según el secretario de Justicia y Seguridad, Marcelo D’Alesandro, primero «un oficial femenino de parada en la zona fue alertada por un colectivero sobre un sujeto que estaba interrumpiendo el tránsito y amedrentando a la gente con un cuchillo. Cuando la oficial le pidió deponer la actitud, el hombre se le fue encima de forma amenazante con un cuchillo, por eso pidió apoyo», agregó el funcionario.

Poco después, dos motociclistas de la Policía de la Ciudad rodearon al hombre. La escena quedó registrada en una cámara de seguridad, cuyas imágenes se viralizaron. En el video se puede ver que una persona vestida con pantalones oscuros y una campera roja se encuentra parada sobre la bicisenda de Carlos Calvo al 2560. En todo momento tiene las manos detrás de su cintura.

Frente a él, uno de los motociclistas se le acerca desde la acera y aparentemente le da la orden que se detenga. El hombre, manteniendo sus manos detrás, obedece.

Por detrás se acercan otros dos policías (un motociclista y un policía de calle) y segundos después otro agente de calle que llega corriendo. Los cuatro policías llegan sin desenfundar sus armas.

El primer uniformado sube sus brazos, quizás ordenando que levante las manos. En ese mismo momento, le aplica una patada en el centro del torso y desploma al hombre como si se tratara de una figura de cartón. El hombre cae pesadamente al suelo y ya no se mueve. En el momento en que cae abre sus brazos y sus manos, pero en el video no se llega a ver cuchillo alguno.

Simultáneamente se ve llegar un patrullero que dobla desde la calle Saavedra, con lo que en la intervención policial participaron dos motociclistas, dos policías de calle y al menos otro policía en un patrullero.

El hombre fue trasladado al Hospital Ramos Mejía, donde se informó que llegó desvanecido y falleció poco después.

El hombre fallecido se llamaba Jorge Martín Gómez (41). Según su tío, Segundo, «era una persona buenísima y de buen corazón, trabajaba con su hermano mayor en su taller de relojería de taxis y a la noche hacía delivery con su moto».

«Muchos podrían pensar que estas cosas se dicen ahora y sacan a la víctima del contexto, pero esa es la vida que tenía, estuvo en una granja de recuperación por temas de drogas, pero ya estaba totalmente curado, trabajaba y no tenía problemas. No se puede negar que estaba alcoholizado -agregó Segundo-, pero mi sobrino pone las manos atrás, adelanta la cabeza como preguntándole qué pasa, en ningún momento se resistió, amenazó ni mostró un arma, y sin mediar palabra el policía le propina la patada».

Las declaraciones del secretario de Seguridad

El martes por la mañana, cuando las tremendas imágenes del video se viralizaron en las redes, el secretario de Justicia y Seguridad porteño, Marcelo D’Alessandro, salió en defensa de la acción policial. «En este caso no se utilizó ningún elemento contundente. Ni la tonfa, ni un arma letal. Se le dio una patada para mantener distancia, para luego reducirlo.

Vista así la imagen es muy brutal. Pero también lo es andar por la calle con un cuchillo, donde cualquier madre con una criatura podría haber sido lastimada y la situación hubiera sido otra», agregó el secretario de Justicia y Seguridad. D’Alessandro aprovechó para agregar que «las pistolas Taser son un elemento que las fuerzas de seguridad tienen para reducir. Y este es un claro ejemplo donde se podría haber usado. Con su utilización se hubiera depuesto la actitud amedrentadora de la persona sin consecuencias».

El policía Ramírez quedó alojado en la Unidad de Investigaciones de Procedimientos Judiciales y podría ser imputado por «homicidio culposo» u «homicidio preterintencional»

La Oficina de Transparencia y Control Externo abrió un sumario por averiguaciones del accionar del efectivo, que será indagado por la jueza Bernal y el equipo de Gendarmería Nacional.

Las reacciones en las redes sociales fueron de inmediata repulsión al hecho y se viralizaron escritos como el del escritor Bernardo Penoucos, autor del libro “Conmuévase”

LA PATADA

La patada del destrato que vuela y corta el viento camino a la muerte de un otro lleva en su impulso el odio a la carta, la ausencia de todo y la muerte de un nadie para quienes se asumen como alguien. No viaja sola esa patada. En ese viaje también viajan las políticas represivas y la vecinocracia que pide y que pide bala,reja y candado. En esa patada viaja el gatillo fácil pero no viaja la educación, viaja el golpe pero no viaja la prevención, viaja la violencia pero no viaja la buena razón.
En esa patada alguien se afirma como alguien en el justo instante en que destroza la vida de un nadie.
Yo soy, vos no.
Yo puedo, vos no.
Yo tengo, vos no.
Yo sigo, vos no.
Yo vivo, vos morís.
Yo alguien , vos nada.
Yo alguien, vos nada…

Ariel Gómez, hermano del fallecido también escribió un texto:

¿Quién me devuelve a mi hermano? ¿Quién? ¿La Policía? ¿El Gobierno de la Ciudad? Nadie. Miren el video y es la prueba más contundente de lo que pasó. Un asesinato sin ninguna justificación. Mi hermano era una muy buena persona. Tenía 41 años y trabajaba sin parar. Desde muy temprano hasta la tarde, arreglaba relojes de taxi y a la noche hacía delivery y ayudantía de cocina, porque con un solo empleo no le alcanzaba.

Estoy destruido, no entiendo cómo se pudo llegar a esto. Desde siempre fuimos muy unidos, nos criamos y vivimos juntos. Nosotros somos de Santiago del Estero y hace más de 30 años que vinimos a Buenos Aires con mi viejo. Realmente no sé cómo seguir adelante. Mi hermano no había vuelto a dormir, pero no me preocupé porque salía seguido. Hasta que vi el video por Facebook y se me cayó el mundo. El hecho ocurrió ayer a la mañana a unas cuadras de casa, en el barrio de San Cristóbal. Cuando llegué al hospital ya era tarde: me mandaron directamente a la morgue.

La Policía está buscando instalar que Jorge los amenazó con un cuchillo cuando la imagen lo muestra todo: en ningún momento intimidó a nadie. Repienso cada segundo el video y no comprendo cómo el policía Esteban Armando Ramírez pudo golpearlo así. Eran un montón de efectivos y mi hermano estaba borracho, podían reducirlo sin lastimarlo. ¿Cómo le van a pegar esa patada? No fue un accidente ni una tragedia. El golpe fue criminal: al caer al asfalto sufrió una fractura de cráneo que le produjo la muerte.

Del Gobierno de la Ciudad no se comunicó ni se acercó nadie, como si no hubieran tenido nada que ver. Eso tampoco lo puedo creer. Estamos solos, moviéndonos entre la morgue judicial, la Fiscalía y el Juzgado, para que no se trate de otro caso donde quede impune la bestialidad de las Fuerzas de Seguridad.

Patada mortal, policía de la ciudad, Bullrich, Chocobar, doctrina Chocobar, pistolas tasser, Marcelo D’Alessandro, Ariel Gómez

DEJA UNA RESPUESTA