Gente del Futuro: Su débil conciencia se arrastra servil

Por Gustavo M. Russo*

Los Juegos Olímpicos de Pekín 2022, oficialmente conocidos como “XXIV Juegos Olímpicos de Invierno”, serán un evento multideportivo internacional que se llevará a cabo entre el 4 y el 20 de febrero de 2022 en la ciudad de Pekín, China. La ciudad sede fue seleccionada el 31 de julio de 2015.

Qué te da por pensar cuando escuchas una noticia así, agregándole a la misma, qué en toda su población de miles de millones de personas, no tienen ninguna que sepa esquiar. Entonces, ¿qué me dirías? Pensarás, que representa un ingreso de divisas, ciertamente rentable y que la instala turísticamente a nivel internacional. Bien. Ahora desarrollaré un poco más, para analizar, cuál es lo significativo de esta oportunidad, que se le presenta a China, en la cual, Noruega tendrá un preponderante rol.

Asegura la cadena alemana DW en español, que: “La posible falta de nieve, algo habitual en el árido norte de China, se compensará con el uso de cañones artificiales, mientras que Pekín invertirá en los próximos años unos 160.000 millones de dólares para reducir su contaminación atmosférica”.

Por qué me movilizó tanto esta cuestión. Se debe, a poder dilucidar, cuál es el fondo de la actuación que pretende China, frente a la comunidad internacional. China, es una nación que lucha por un posicionamiento mundial. Tiene en cuenta, además, el orgullo de sus ciudadanos, a quienes integra de manera continua, bajo un fuerte simbolismo nacional. A su vez logra realizar fuertes acuerdos económicos bilaterales con otras naciones, en un mundo en pugna. En los cuales aporta dinero y tecnología industrial de avanzada y propia. Lo que llamo una medida de proteccionismo íntegro, en defensa de intereses basados en su milenaria concepción ciudadana. Es decir, aquel que aborda todas las cuestiones del ámbito público interno de un país. China piensa en su gente, en su economía y en mostrarle al mundo su gran poder de superación. Propio de una mirada imperial. También sabe, que su futuro, depende del éxito económico que permita un desarrollo permanente de su pueblo. China tiene un objetivo concreto y no está dispuesto a negociarlo mal. En otro momento trataré el tema de “la nueva ruta de la seda”. Un camino de desarrollo para unir el comercio de Asia, con los recursos petrolíferos del oeste de Europa.

Ahora por qué con Noruega, aquí viene algo, también muy interesante.

Noruega fue una de las primeras naciones europeas en reconocer a la República Popular China y su estatus de economía de mercado. Es por ello, que se fortaleció el intercambio bilateral de ambas naciones. Incluso Noruega, potencia mundial en medallas olímpicas de invierno, aportará el entrenamiento y la capacitación necesaria para los atletas chinos. Cuando se les pregunta a los entrenadores de Noruega si esto, de capacitar y entrenar atletas chinos, no representaría una amenaza competitiva en el mediano plazo ya que deberían revelar ciertos secretos y estrategias de las disciplinas invernales, los noruegos dicen de manera contundente y pedagógica, que no. Y explican, que para ellos, enseñar es una nueva manera de profundizar el aprendizaje. Elogiando, el alto grado de actitud y voluntad de sus aprendices. Destacando así, dos claros ejemplos de superación y entereza de identidad ciudadana.

Bajo este paradigma, se busca permanentemente, mantener un liderazgo de calidad en el protagonismo mundial.  Sin olvidar, un contexto de súper proteccionismo económico por partes de las naciones centrales. Es incesante el deseo de consolidar un desarrollo sustentable  interno, con el accionar de políticas públicas para incentivar el conocimiento y la formación ciudadana, con nuevas formas de propiciar el multilateralismo global y sin perder el enfoque del bilateralismo económico comercial, subsidiando a las economías regionales para abastecer mercados internos y fortalecer las exportaciones. Diferenciándose, con estas medidas del “industricidio”, al cual nosotros atendemos diariamente en nuestra amada república. Es decir, un mundo complejo y muy competitivo, donde cada país desarrollado intenta por sus propios medios, sostenerse firme en sus objetivos, utilizando toda su capacidad, recursos, creatividad y tenacidad.

Cada líder mundial, está pensando en cómo poder sobrellevar de la mejor manera, la gestión y el posicionamiento en el tablero de ajedrez global. Piensan solamente en crecer. Desde lo económico, cerrando las puertas al ingreso de las importaciones, conformando un Estado que de la pelea al mercado corporativista y desde lo simbólico, lograr una meta de homogeneización de intereses nacionales, mediante la formación e integración educativa, con un real y alto grado de desarrollo en el “conocimiento”, en el sentido más amplio de su concepto.

Conocer, no es simplemente saber algo determinado, es cómo saber moverse en las aguas turbulentas, de un planeta manejado por el poder fáctico de los medios de comunicación y las finanzas. Saber es estar preparado para gobernar y afrontar desafíos, con inmigración, endeudamiento, crecimiento sostenido, planificando y programando una gestión política. Además, esa política, que abandonan los países periféricos de la tierra, como Argentina o Brasil, mostrando, un creciente grado de deterioro institucional y democrático para su población, son espacios aprovechados por las grandes potencias industriales. Ese vacío, es reemplazado por la despolitización existente, que conlleva el odio, la fuga de capitales y la soberbia de clase. Una triste combinación de elementos, que solo producen un aumento de la desigualdad social, una incipiente distribución mendiga del ingreso y la contundente concentración del capital. Cada vez más dinero, en menos manos.

Entonces, dónde encontramos parada a la Argentina ante lo expuesto. Una Argentina, que desperdició totalmente la oportunidad genuina, en términos comerciales, al haber sido anfitrión de la cumbre del G20. Aislada totalmente de las grandes discusiones centrales. ¿Está la ciudadanía argentina a la altura de poder observar y visualizar por dónde pasan las cuestiones de Estado? ¿Hay en Argentina, un Estado de Derecho resguardado por las instituciones judiciales? ¿Existe seguridad jurídica, para que arriben a nuestro país fondos de inversión, que no sean simplemente especulativos? En temas energéticos, ¿seguiremos desarrollando la energía nuclear y la extracción de petróleo para acrecentar la productividad industrial y la calidad de vida de la población? ¿Se podrá detener el crecimiento de la pobreza estructural, generada en gran parte por la fuga de capitales, muy bien controlada en los países nórdicos? ¿Podremos contener los aspectos más favorables de nuestra educación pública, sin estigmatizar docentes o sin amenazas de bombas durante su año lectivo? ¿Podremos impedir el hundimiento de más submarinos y la pérdida de muertes inútiles, vulnerando a los derechos humanos por parte de un Estado que se configura como represor de ideas? En qué estamos pensando, cuando elegimos a gobiernos de Ceos empresariales para que nos gobiernen, creyendo, que si tienen dinero no pueden robarnos. Todo como se verá, es muy destructivo para encontrar un equilibrio verdadero.

Son muchas más las incógnitas que podría enumerar pero me interesa, para ayudar un poco en  el transcurso del año electoral que se viene, detenerme en la frase de Miguel Cantilo, pensada no ingenuamente, para que forme parte del título de esta columna de opinión y de mi remate en la misma. Dado a que el rock nacional, una vez más, nos abre los ojos, nos señala algo, para aquel que quiera entender. Sus letras parecen no pasar de moda. Mientras no tomemos conciencia y sigamos permitiendo, que cualquier pobre opción política, conduzca los destinos de nuestro país, jamás veremos cambios profundos en nuestra sociedad. Nada se logra con puestas en escenas, de palabras y frases hechas. La política sigue siendo una herramienta de transformación social, como decía Scalabrini Ortíz. Y la conciencia ciudadana debe fortalecerse, siempre desde el espectro de la identidad nacional y la participación, a través de la integración popular, basada en intereses homogéneos, tal como hacen las grandes potencias y como insistió, en muchas de sus apreciaciones, Arturo Jauretche.

De lo contrario, persistiremos en identificarnos con los intereses foráneos, sin conseguir un Estado que respalde a sus ciudadanos, alejándolos cada vez más de un pensamiento crítico saludable para encontrar el bien común y la distribución equitativa de su producto. Todo lo que permita a la sociedad argentina a crear sus anticuerpos, para resistirse a mantenerse en una instancia inferior al resto de los países desarrollados.  Es por ello, que al ciudadano, “su débil conciencia se arrastra a servil”. Tenerlo presente, como sugerencia, para el 2019.

 

* Abogado, profesor y doctorando en Ciencias Jurídicas, formador docente y Presidente del centro de capacitación en estudios sociales, políticos y culturales “Participación cuidadana de Hurlingham”.

 

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