La mediatización de la ciencia

Por Esteban Rosso *

“Para la mayor parte de la gente, la realidad de la ciencia es lo que leen en la prensa” según la socióloga Dorothy Nelkin. Esta afirmación es particularmente certera, y el término “prensa” puede ser sustituido -y ampliado- a “medios de comunicación”.

En nuestro país, es variado el panorama de programas televisivos dedicados a la ciencia. Iniciativas mediáticas como el programa “Científicos Industria Argentina” o la mismísima señal de cable “Encuentro” son proyectos exitosos que promovieron una imagen de la ciencia muy diferente a la presentada en los últimos meses; una muy similar a la de la década de los ´90. ¿Científicos, para qué?

La atención pública a la actividad de la comunidad científica ha recaído con frecuencia en la imagen que los medios de comunicación quieren moldear sobre su actualidad y, como consecuencia, la imagen que terminan de formar hacia la sociedad, así como definen el valor que se le otorga a los científicos en un país emergente.

Comunicar ciencia no es una tarea sencilla. Porque se encuentra dentro del interés público, pero dentro de instancias de poder cuyas producciones son productos culturales que generan, comunican y activan representaciones sociales. El reconocido periodista de ciencias, Vladimir de Semir, afirmó que los medios de comunicación se han convertido en una pieza fundamental para la transmisión del conocimiento científico al público y para la configuración de una cultura científica y una sociedad de conocimiento.

La divulgación de la ciencia ha sido entendida de manera bastante diferente en cada periodo político, y cada programa televisivo (magazine, documental o noticiero) tuvo -y tiene- que resolver la diferencia entre el ámbito científico, las políticas públicas en materia de ciencia y tecnología, y los comunicadores, por lo cual se han construido determinados discursos dedicados a asumir una posición sobre la importancia de la ciencia y su relación con la sociedad. A partir de estos discursos en el campo de la comunicación y de las prácticas sociales, se fueron modificando los conceptos que tiene la sociedad sobre la ciencia, así como se generaron cambios que tenía la comunidad científica sobre la sociedad.

El uso de la tecnología para el acceso libre al conocimiento científico enmarcado en la comunicación pública de la ciencia ayudó a mostrar una ciencia que está en lo cotidiano y no sólo en el laboratorio; hacen de un sentido de la ciencia que termina moldeando un imaginario social y un estereotipo del científico. Esto a su vez se ve reflejado en los programas de divulgación científica que construyen y reconstruyen el sentido que tiene la sociedad sobre la ciencia.

No es casual que la imagen de la ciencia, y del científico, se construyan a partir de una serie de políticas de Estado, así como de las construcciones de discursos en el campo de la comunicación, o de las prácticas sociales y del entendimiento de los ámbitos académicos y científicos. En cada periodo histórico hubo un mayor o menor interés por parte de los gobiernos, y esto se vio reflejado en la valorización de la ciencia que hicieron los ciudadanos.

Esto nos lleva a realizarnos una pregunta fundamental: ¿Por qué deberíamos financiar un sistema científico tecnológico? Porque sólo cuando el conocimiento se democratiza podemos aspirar a ser independientes y soberanos.

Bernado Houssay, Premio Nobel argentino, dijo alguna vez: “Los países ricos lo son porque dedican dinero al desarrollo científico-tecnológico, y los países pobres lo siguen siendo porque no lo hacen. La ciencia no es cara, cara es la ignorancia”.

*Productor audiovisual y periodista científico

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