China Zorrilla: “Tuve una vida gloriosa”

 

Por Gabriela Chamorro

El 17 de setiembre, a los 92 años falleció en su Montevideo natal, la actriz China Zorrilla. Estuvo varios días internada por una neumonía. Había tenido varias recaídas en estos últimos dos años, lo que la llevó a trasladarse desde Buenos Aires a su país natal para estar al cuidado de sus familiares.

Uno podía estar horas escuchándola y escuchándola, es que China Zorrilla fue una historia viva de anécdotas de mundo. Uruguaya de nacimiento pero  un poco también argentina por elección no se privó de nada y salió a la aventura.  Vivió en París, Londres, Nueva York y Madrid lugares de donde recogió todo tipo de historias que con generosidad regaló a quien quería oírla. Además con su carisma y su habilidad para sentirse cómoda tanto entre gente de alcurnia como entre los paisanos de un bar una charla con ella podía durar la vida entera.

La famosa parentela

China es en realidad Concepción Zorrilla de San Martín Muñoz nacida en el seno de una típica familia patricia uruguaya y lo que le sobran son parientes famosos y con prestigio. Para empezar está emparentada por vía materna nada menos que con principal prócer de su país, con José Gervasio Artigas y también con el escritor argentino Estanislao del Campo, autor del Fausto Criollo

Hija de una argentina, Guma Muñoz del Campo y un uruguayo, el escultor José Luis Zorrilla de San Martín conocido por sus obras más famosas: El Monumento al Gaucho en Montevideo y los monumentos a Julio Roca y Artigas en Buenos aires.

Su abuelo paterno también fue escritor y poeta Joan Zorrilla de San Martín, autor de clásicos de la literatura uruguaya como Tabaré o La leyenda Patria  que no sólo se dedicó a escribir sino también a ejercer como ministro plenipotenciario de Uruguay en la corte del rey español Alfonso XIII.

Una vida dedicada a la actuación

China no solo fue una viejita carismática y divertida. Fue puro talento, talento para la actuación que nos regaló en tantas películas y talento también para el periodismo, oficio que supo llevar adelante durante su estadía en España como columnista nada menos que del diario El País.

A la hora de definirse desde el punto de vista de su trabajo decía de sí misma: “Considero que soy una actriz cómica, sé hacer reír sin la puteada, sin el desnudo”. Es que ella fue una admiradora eterna de Chaplin y quizás por eso siguió fielmente su camino.

Cuentan que su amor por la actuación comenzó de muy chiquita en la quinta de sus abuelos y que cada vez que ella representaba la madre ponía un cartel anunciando “Mañana Show de China”

Hubo un momento en que el juego dejó de serlo y decidió estudiar en serio y para eso se fue -ni más ni menos- a estudiar a Londres, al Consejo Británico con una beca.  Pero había un pequeño detalle no sabía hablar inglés. No fue un impedimento. Con la audacia de su corta edad les  propuso  a las autoridades hacer para la prueba una interpretación de Molliere ya que ella dominaba el francés. El resultado fue que no sólo les gustó sino que la aceptaron y esa formación le permitió en el futuro trabajar todos los primeros años de su vida en su gran amor que es el teatro. Recién a los cincuenta años hizo su primera película en el cine.

Luego de formarse en el exterior, China volvió a su país donde actuó en más de ochenta obras de teatro. Elegía obras de Federico García Lorca, Calderón de la Barca, Shakespeare, Bernard Shaw,  Luigi Pirandello, Antón Chejov, Molière etc

Allí, en Uruguay, fundó el Teatro de la Ciudad de Montevideo (TCM) junto con Antonio Larreta y Enrique Guarnero, con cuyo elenco viajó a Buenos Aires, París y Madrid.

Pero su naturaleza inquieta la llevó también a Nueva York durante cuatro años en los años sesenta donde trabajó como profesora de francés y secretaria de una agencia teatral.

Con el humorista Carlos Perciavalle presentó en Broadway la comedia musical Canciones para mirar, un espectáculo para niños sobre textos de María Elena Walsh, con el que retornó a Montevideo llevándolo en gira por Uruguay.

La enamoradiza que perdió su Romeo

Siempre se le preguntó por qué con esa pasión que pone en todo y con ese amor por los demás no formó su familia y ella asegura que su historia es muy conocida allá en su Montevideo natal. Allí se le murió una persona que ella quiso toda su vida. “Tengo una foto de él en mi cuarto,  yo no soy muy fisiquera, no me enamoro de alguien porque es hermoso, pero cuando se murió en Uruguay, salió en un diario en París: ‘Hoy se murió en Uruguay el hombre más lindo del mundo’. Nadie puede explicar a otro lo que es estar enamorada. Si estuviste enamorada lo entendés, pero si no, no hay palabras. No se escribieron las palabras para contar lo que es amar a alguien. Yo no podía entrar con él a comer a ningún lado, porque la gente se lo quedaba mirando…” recordaba con nostalgia

En Argentina

La primer película que filmó en el país fue seguro como una especie de talismán para con nuestra tierra que la convirtió en nuestra para siempre: Un guapo del 900 dirigida por Lautaro Murúa, le siguió La maffia, de Leopoldo Torre Nilsson, con el entrañable y único Alfredo Alcón, una pareja que no tuvo en el cine nunca más competencia que estuviera a su altura.

Tuvo esa característica extraña de hacer obras de un prestigio enorme pero a su vez llegar a la gente de una manera muy popular, muy cercana, como si fuera una tía de la familia o una abuela cariñosa.

En la temporada teatral marplatense reemplazó a Ana María Campoy en la pieza Las mariposas son libres junto a Rodolfo Bebán y Susana Giménez.

Muy pronto fue desplegando una intensa carrera en cine, teatro y televisión, medio que le dio inmensa popularidad gracias a su participación en teleteatros bajo la autoría de Alberto Migré.

En televisión además apareció en recordadas producciones del ciclo Alta comedia y otros ciclos unitarios como Atreverse, Mi mamá me ama y La salud de los enfermos dirigidos por Alejandro Doria.

En teatro hizo obras de Jean Cocteau, Oscar Viale, Jacobo Langsner, Peter Shaffer, Athol Fugard, Mark Twain, pero sin duda la más recordada fue su actuación en el monólogo Emily (La bella de Amherst) de William Luce sobre la poeta norteamericana Emily Dickinson -traducido al castellano por Silvina Ocampo- con el que recorrió el país y Latinoamérica finalizando con una presentación en el Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas, en Washington.

Su carrera cinematográfica en nuestro país fue prolífica e intensa pero sin duda uno de los personajes más entrañables fue Elvira, de Esperando la Carroza ella no lo entiende, no se lo explica y resume con sinceridad:

“Sí, son cosas del cine. Yo hice una película con Eduardo Blanco que se llama Conversaciones con mamá. Es divina esa película. Sin embargo, acá no pasó nada y en Uruguay la vieron 35 personas, entre amigos y familiares. Por esa película me dieron un premio en Rusia. Hubo dos premios: Meryl Streep y China Zorrilla”

Y sin preguntarse demasiado siguió jugando como cuando era chica, jugando a actuar pero eso sí, con los grandes. Con Luis Puenzo hizo La peste; con Marcos Carnevale la entrañable Elsa y Fred y Tocar el cielo; con Oscar Barney Finn Contar hasta diez y Cuatro caras para Victoria; con Raúl de la Torre, Heroína, Pubis angelical y Pobre mariposa. Bajo la dirección de Adolfo Aristarain filmó Últimos días de la víctima y con  Carlos Gallettini, Besos en la frente, entre otras grandes interpretaciones

La anécdota de los 37.000 dólares

No hace mucho tiempo se hizo conocida una anécdota que la pinta a la China en cuerpo y alma. La contó su gran amigo y compatriota Carlos Perciavalle.

Fue hace varios años cuando la actriz había cobrado plata de un juicio por un accidente de tránsito y se tomó un taxi que la llevaría a un encuentro con Perciavalle. El contó: “Cuando bajó del taxi le dije que necesitaba plata porque mi hermano tenía un problema impresionante. Le dije que precisaba que me prestara 20 mil dólares. Pero ella me dijo que no los tenía. Yo le dije que cómo no los tenía, si le acababan de dar 40 mil. Entonces abrió la cartera y me mostró que le quedaban 3 mil nada más. Yo le pregunté qué había hecho con los otros 37 mil y me contestó: ‘se los presté al taxista’”, relató.

Así lo dijo con mucha naturalidad que el taxista la había elogiado por sus roles y que ella le preguntó por su vida. El hombre confesó  que tenía hipotecada la casa y que debía pagar 37 mil dólares. “Ella abrió la cartera y le dio los 37 mil dólares. Le dijo: ‘usted me los devuelve cuando pueda”, comentó Perciavalle.

La historia no termina allí. Mucho tiempo después China estaba jugando a las cartas con sus amigas cuando sonó el timbre. “Estábamos jugando a la mañana y viene la mucama y le dice que la buscaban. China fue y cuando volvió la veo contando 35, 36, 37… Y dijo: ‘miren, ¿se acuerdan aquel taxista que yo le presté 37 mil dólares? Me los vino a devolver. Me dijo que no vino antes porque había tardado todos estos años en juntarlos. Por uno solo que te devuelva lo que le has prestado vale la pena la cantidad de personas que no me han devuelto‘”.

“A todos se nos caían las lágrimas porque ella estaba tan contenta… Seguro que al minuto se lo prestó a otra persona”, finalizó Perciavalle.

Ella misma contó hace poco el final de la historia: “El taxista me trajo la plata y fui a almorzar a la casa, no me olvido más. En una especie de conventillo, estaba con la mujer y los dos hijos. Hizo un churrasquito con unas papitas y ese fue el agradecimiento; era todo lo que podía hacer conmigo… Muchas veces la gente está como pidiendo algo y no pide tanto que no le podamos dar. Yo no me sentía heroica porque le había dado aquel dinero, no me acuerdo cuánto era. Pero me lo trajo. Siempre le tuve fe a la gente y hasta ahora nunca me arrepentí”.

Cuando conoció a Cristina

La anécdota de cómo conoció a la presidenta parece sacada de una película. Dicen que estaba con su sobrina y que ella le preguntó si la conocía a Cristina y China bromeando le contestó que sí que eran íntimas y  que si quería la llamaba por teléfono. En su agenda estaba el teléfono de la Casa Rosada y marcó ese número, -que no recuerda cuándo ni por qué lo había agendado- y la atendió la propia Cristina.

Asegura que le tomó mucho cariño a Cristina, a quien conoció cuando todavía vivía Néstor:  “Yo creo mucho en mi piel. A veces me preguntan por qué soy amiga de Fulano y yo no sé, pero después de años me doy cuenta porqué, porque pasó algo, dijo algo o yo viví algo… Sí, es una mujer que te inspira cariño. Ella lloraba por las cosas que habían pasado en Argentina. A mí me inspira confianza Cristina. Y pienso en casi la ironía de esa muerte. La llamo a veces. Ella se preocupa por todo lo que está pasando. Está al tanto de todo. Y él era encantador. Es uno de esos misterios… Yo me muero si se me muere un marido como le pasó a ella”

China fue y será inagotable. Fueron 92 años llenos de recuerdos y anécdotas. “Tuve una vida gloriosa” le dijo a su amiga Soledad Silveyra. 92 años de pasión por la vida misma de relatos contados a una velocidad increíble, de la misma forma en que los vivió y habla con naturalidad de toda la gente que conoció, habla de Greta Garbo, de Dustin Hoffman, de  Freddy Mercury, de presidentes, de un viejito que se encontró a la salida del teatro que no tenía plata para comprar la entrada y que, desde que lo invitó a entrar también está en su agenda junto con su dirección y teléfono. Su receta de vida no era tan complicada y ella, generosa lo explicaba sencillamente: “A mí me pasa una cosa muy rara: me divierte estar viva. Le saco jugo a todo lo que me pasa”