Se define una interna que no le interesa a casi nadie

Por RODY RODRÍGUEZ

En la medianoche de mañana se definirán los candidatos a conducir el Partido Justicialista de la Provincia de Buenos Aires. Cristina Álvarez Rodríguez (la actual presidenta del partido); el intendente de La Matanza, Fernando Espinoza; el del diputado electo Martín Insaurralde y hasta el gobernador de la provincia, Daniel Scioli, que de hecho es el titular del Partido Justicialista a nivel nacional, son los  nombres que se barajan para quedarse con la presidencia del PJ bonaerense. También en la lista de aspirantes está el ex intendente de José C. Paz y senador provincial electo, Mario Ischii, que habló de convocar para que lo acompañen a los que hasta ayer eran los traidores que él quería perseguir.

Lo cierto es que para la gran mayoría de los dirigentes, las elecciones en el PJ, que deben realizarse el 15 de diciembre, no concita un gran interés. Ni hablar para el común de la gente. La convocatoria no tiene otra lectura que la necesidad de cumplir con la legalidad de renovar autoridades dentro de determinado plazo, para no perder la personería jurídica, que provocaría, por ejemplo, la pérdida de varios millones de pesos, que son los que el Estado le otorga a los partidos políticos luego de cada elección.

Frente a esa obligación administrativa nace para algunos una oportunidad política de poder “dar pelea” en un partido que sigue siendo la principal estructura partidaria de la Argentina.

Lo ridículo es que en esa pelea se anotan muchos de los que en las elecciones del 27 de octubre formaron parte del Frente Renovador. Es decir, los mismos que enfrentaron al PJ hoy quieren conducirlo.

En Hurlingham

El intendente Luis Acuña se adueñó del PJ en el 2003, luego de quebrar un tibio intento de Juan José Álvarez de mantener la presidencia del partido que ostentaba desde 1996. Desde entonces se manejó con comodidad absoluta. En el 2007, el Movimiento Peronista 26 de Julio intentó disputarle ese espacio, con Patricia Fernández a la cabeza. Para Acuña ese enfrentamiento interno terminó siendo un trámite demasiado fácil. Su triunfo, con casi el 90% de los votos además le sirvió para legitimar su conducción.

En diciembre de 2012, en Caseros, el acuñismo asistió al Congreso Nacional del Partido Justicialista. Allí sus congresales aprobaron que el Partido Justicialista siga formando parte del Frente para la Victoria y que la jefa política de ese movimiento siga siendo Cristina Fernández de Kirchner y que como tal, sea ella la que decida la estrategia electoral del 2013.

Lo aprobado por los congresales de Acuña, fue desestimado semanas después. Luis Acuña abandonó el Frente para la Victoria, se puso en la vereda de enfrente al kirchnerismo y de ese modo quedó en estado de rebeldía con el PJ. Encontró su lugar en el Frente Renovador de Sergio Massa y desde ese momento su pertenencia orgánica al Partido Justicialista se quebró.

El Partido Justicialista, integrando formalmente el Frente para la Victoria, armó un a lista de unidad en Hurlingham encabezada por Juan Zabaleta. La lógica política indica que sea él quien conduzca el PJ de Hurlingham de ahora en más. Aunque, en función de los resultados obtenidos en las últimas elecciones, otros dirigentes bonaerenses pretenden que Zabaleta integre niveles de conducción a nivel seccional.

El dirigente kirchnerista no dio señales al respecto. Dice que sus prioridades están en otro lado “en trabajar con los vecinos de Hurlingham y en asumir como concejal en diciembre”.

En cambio, al Movimiento Peronista 26 de Julio, si le interesa esta oportunidad y empuja al concejal electo Víctor Oviedo hacia una candidatura a presidir el PJ local.

Esto entusiasmaría a Luis Acuña, que está dispuesto a desobedecer a Sergio Massa (que pretende estar al margen de esta elección) y seguir los pasos de su socio y amigo, Jesús Cataldo Cariglino, y disputar esa interna que, supone, le serviría para recuperar la autoestima perdida el 27 de octubre.