Algo más que nostalgia gastronómica

 

Volvieron las Kes- Bun!!!!

¿Cómo que qué son? Son las galletitas de queso chiquitas, exquisitas, esas del paquete verde y rojo. No cualquiera. Son “esas”. Esas de la marca Bun, las que aparecieron cuando todavía ni siquiera existían las papitas Lays. Son esas que comés una y estás perdida y por más que sepas que son un pecado y que leas el contenido calórico y de las grasas, no te importa nada pecás, pecás y seguis pecando hasta irte al mismo infierno y aún así seguís masticando.

Cada vez que mis hijos venían con paquetes de snacks nuevos de insólitas formas hexagonales, de conos, romboides y con sabores cada vez más extravagantes como “pollo a la crema”, “bife a la criolla”, “cantimpalo” o “capresse” yo probaba con actitud de crítica de cocina y sentenciaba:”ni se acercan a las Kes-Bun”.

Ya cuando estaba perdiendo mi credibilidad aparecieron hace poco otra vez en una campaña que recuerda productos de los 80 y ellos por fin dejaron de mirarme con sorna al comprobar que son ¡irresistibles!.

Pero lo que los creativos de las empresas no planifican es el irremediable aluvión de recuerdos que se apilan alrededor del producto “resucitado” y ahí nomás me acordé de mamá amasando la pizza, sí, leen bien amasando, lo que incluye la tarea de diluir la levadura con agua y azúcar, ensuciarse las manos, golpear la masa, etc, etc; el olorcito del morrón y la cebolla rehogándose para la salsita; el humito de los potes con crema de maicena y yema entibiándose en la mesada que luego me tocaba a mí acomodar en la heladera para su enfriado final y que nada tienen que envidiar a los actuales Dannets y mis súplicas y mis ruegos más teatrales para que mamá me diera el dinero para comprar las Kes-Bun. Ya quebrada ante mi insistencia y apretando las monedas -porque no sé por qué pero antes las monedas alcanzaban para casi todo- corría los metros que me separaba de la despensa de don Croba y de puntas de pie al lado del mostrador mi cara sonriente era suficiente para que él se diera cuenta que iba por mis galletitas preferidas

Será por todas estas imágenes que volvieron a mi mente que no me importó nada anoche, cuando mi familia entera me reprochó mi comportamiento cuasi salvaje cuando tomé una cuchara y comencé a comer los pedacitos deshechos de Kes-Bun que habían quedado en el plato. No me dio culpa, me reí y ante la mirada de desaprobación de ellos seguí tragando bocado a bocado las migajas de recuerdos, de momentos, de noches de amigos, seguí saboreando muy despacio esas migajas, las migajas de mi infancia.