Con el nuevo ADN de la escena del crimen hay nuevos sospechosos en el caso García Belsunce

LA PLATA- El avance de la ciencia permitió aislar el patrón genético de una mancha de sangre 16 años después del asesinato de María Marta

El asesinato de María Marta García Belsunce podría tener un giro determinante luego de que la ciencia lograra aislar el patrón genético de una mancha de sangre que había sido hallada en la planta alta de la casa de la víctima.

Los rastros habían sido conservados en la Asesoría Pericial de La Plata y gracias a una nueva técnica se pudo descifrar un perfil genético que ahora será cotejado con sospechosos del crimen, 16 años después.

Los fiscales del caso fijaron para el próximo lunes 14 el inicio de la extracción de sangre a los imputados. Las personas convocadas son:

Era vecino del country Carmel, donde fue asesinada María Marta. Desde un principio fue señalado por la familia de la víctima como sospechoso. Recientemente fue detenido por integrar una banda que robaba en casas de barrios privados de Pilar.

En noviembre del año pasado fue indagado por primera vez como imputado por el crimen. Se declaró inocente y dijo que las acusaciones de la familia eran falaces.

Contó que ese día se fue al mediodía de su casa con el mayor de sus tres hijos rumbo a la localidad bonaerense de Longchamps, donde jugó con amigos un partido de fútbol con su equipo «Cuba All Boys».

Mencionó que cuando regresó a la tarde al country se duchó, miró unos minutos un partido por televisión y luego se fue rumbo a la Capital Federal para encontrarse primero con su madre en un shopping y luego con su esposa, Inés Dávalos Cornejo, quien había asistido a un concierto del cantante Diego Torres.

Era la esposa de Nicolás Pachelo en el momento del asesinato. Vivían juntos en el country donde mataron a María Marta. Fue señalada como sospechosa por la familia de la víctima. El año pasado, cuando la citaron a declarar, dijo que ese domingo 27 de octubre de 2002 no estuvo en su casa porque había asistido a un show de Diego Torres.

Es uno de los vigiladores de la empresa Cazadores que ese día estuvo en el puesto de seguridad 4 del country. De acuerdo con su testimonio, fue quien se acercó a la casa de María Marta para chequear si había alguien cuando desde la guardia pedían autorización para que ingresara la masajista Beatriz Michelini.

Según declaró como testigo, tocó timbre varias veces en el chalet hasta que llegó Carlos Carrascosa en su camioneta. La familia lo señaló como sospechoso porque está acusado de ingresar a distintos domicilios para robar.

Es otro vigilador privado que el día del homicidio trabajó de 7 a 19. Dijo en calidad de testigo que pasó varias veces por la puerta de la casa donde murió María Marta y que no observó ni escuchó nada raro. Declaró que Pachelo regresó al country una vez terminado el clásico entre River y Boca, que se jugó ese domingo en el Monumental. Lo vio hablando por celular junto a su hijo en la puerta de su domicilio.

Formaba parte de la vigilancia permanente que tenía Nicolás Pachelo. Aseguró que ese día escuchó el clásico entre River y Boca con Acosta por radio y que no observaron nada inusual en el country. Recordó que por comentarios de sus compañeros se rumoreaba que Pachelo había sustraído una bolsa de palos de golf valuada en 5 mil dólares.

También cumplía funciones de seguridad en el barrio privado, entre las 7 y las 19. En 2011, durante el juicio oral y público, dijo que fue Irene Hurtig quien llamó a la guardia para notificar que «la señora Carrascosa tuvo un accidente» y necesitaban una ambulancia. Recordó que en ese instante la masajista aún esperaba ser autorizada a ingresar al Carmel.

La referencia fue trascendental para el caso. Sucede que en una pericia acústica se determinó que durante el llamado de urgencia del viudo Carlos Carrascosa a su servicio de medicina prepaga se escucharon de fondo voces de otro hombre y de una mujer.

Es otro empleado de seguridad que trabajó el día del crimen entre las 19 y las 7. Fue testigo a distancia del momento en que Ortiz se cruzó con Carrascosa en la puerta de la casa. Ya se sometió voluntariamente a otros cotejos de ADN con patrones masculinos que habían sido levantados en la escena del asesinato.

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