Peronismo, Sarmiento y la síntesis

    Por  ENRIQUE OCTAVIO MUJICA

    “Sé que me van a fusilar por decir esto: Sarmiento fue protokirchnerista”, señaló el filosofo y pensador Noé Jitrik, durante una de las conferencias que se realizó en el marco del Capítulo Cuyo de los Foros por una Nueva Independencia que organiza la Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional, a cargo de Ricardo Forster y bajo la égida del Ministerio de Cultura de la Nación. El texto fue reproducido por el diario Tiempo Argentino.

    Jitrik, autor del libro “Las armas y las razones” que sirve para entender la década del sesenta y setenta, justifica la similitud de ideas, al sostener que “Sarmiento no hablaba de la justicia distributiva como se habla hoy, pero si de otros temas de los que habla mucho el gobierno y que tienen que ver con los criterios de construcción de un país”. Se refirió entonces a muchos criterios que hoy maneja el gobierno, como la necesidad de industrialización del país que ya estaba en Sarmiento (hizo la primera Feria Industrial del país). “Esta idea –enfatizó Jitrik- se alza contra la de quienes creen que se puede vivir muy bien importando y vendiendo al exterior sojas y vacas”.  En este sentido, hay que recordar la clara oposición de Sarmiento a esas “clases con olor bosta” que pretendían y pretenden un país chiquito y excluyente.

    Y para finalizar esta introducción, Jitrik agregó que “lo que me interesa rescatar de esto es la idea de la naturalización. En sus últimos discursos Cristina Fernández de Kirchner enumera todas las cosas que se hicieron durante su gestión. Pienso que todo eso va a ser incorporado, naturalizado y olvidado a fuerza de ser usado. Es muy probable que se olvide, por ejemplo, el uso de la tarjeta SUBE que comenzó con alguien que pensó que el sistema anterior no era bueno. Nosotros tenemos un imaginario que se va constituyendo con nuestras experiencias de vida: ideas, historias, ocurrencias, sentimientos. Ese imaginario funciona en forma de respuestas. La gente reacciona de determinada forma su imaginario cuando le pide que haga una formulación o una refutación. Sarmiento parte de ese imaginario. Cuando se habla de la escuela pública, por ejemplo, y se la confronta con la idea de la escuela privada, aunque no se lo mencione, se está hablando de Sarmiento porque está instalado en la idea de la escuela pública”.

    Cada vez más, tanto personas afines al gobierno, como es el propio Jitrik, como desde las esferas gubernamentales y peronistas, surgen ideas más globales sin caer en los maniqueísmos. Recuerdo como rescató la figura de Sarmiento la propia presidenta Fernández de Kirchner, cuando habló del libro “Sarmiento, periodista”, del periodista y dirigente macrista Diego Valenzuela. Y les reprochó a los historiadores revisionistas los olvidos adrede de hechos históricos del propio Sarmiento que lo dejan mejor colocado ante la historia.

    Otro lugar del discurso del Gobierno de rescate y pontificación de la figura de Sarmiento se da en las señales televisivas Paka Paka y Encuentro, que produce el Ministerio de Educación de la Nación. Tanto en el canal infantil como en los documentales de Encuentro, Sarmiento aparece en el universo de los personajes “buenos” de la historia, junto a San Martín, Bolivar, Belgrano, Monteagudo, Rosas, entre tantos otros. Aquí se ve como hay una síntesis del blanco y negro (en términos ideológicos), interesante de observar. Los dos oponentes históricos de la contienda historiográfica argentina, Sarmiento y Rosas, aparecen en niveles similares y compartiendo el mismo universo, de los pro hombres, que con sus virtudes y defectos, construyeron la patria.

    En estas líneas no voy defender ni las frases tipo de cierta sangre solo sirve para ser derramada para fertilizar la tierra, de uno, ni los degollamientos públicos de los adversarios, del otro.

    Lo que si uno puede dejar explícito es que se puede estar en el “campo nacional y popular”, y comprender el aporte que dejó un Sarmiento y un Rosas. Todavía recuerdo en las charlas familiares las palabras de mi papá, un acérrimo peronista de Perón y Evita (y que sufrió despedidos por su pertenencia partidaria en tiempos de la “Libertadora”), que él era rosista y sarmientino, a partir de las lecturas de las biografías del derechozo y aristocratizante Manuel Gálvez. Tal vez, mi papá, se anticipó a estas síntesis que se va construyendo.

    Con el tiempo entendí mejor esta síntesis o el protokirchnerismo de Sarmiento que dice Jitrik, y cómo es la continuidad de ideas sarmientinas en el peronismo y el kirchnerismo, en un ejemplo de vida claro. En uno de los viajes laborales a Chile, percibí que sigue bajo las sombras de un suave pinochetismo (formas, conductas, estatus y privilegios sociales y económicos que no se atreven a modificar pese a los reiterados gobiernos de centro izquierda).

    Luego de tres días de estadía y en el avión de regreso sobrevolando la inmensidad de la Cordillera, me surgió una idea para entender la situación: el modelo regresivo, de injusticia social, de concentración económica que tiene Chile, se debe a mi entender a lo siguiente: nunca tuvieron a un Sarmiento ni a un Perón en su devenir histórico. El primero por sus conceptos de educación laica, libre y gratuita. El segundo por las ideas de justicia social, derechos laborales, industrialización e independencia económica.

    En el caso de Sarmiento, pensó la educación pública como una herramienta de igualdad en el acceso al conocimiento, para aquellos que venían de distintos estratos sociales. Y es sabido quien detenta conocimiento, detenta, con el tiempo, poder. También la pensó como movilidad social ascendente, y esto está a la vista en nuestra historia. La vio financiada por el Estado y donde podían estudiar el hijo del rico y el del trabajador. Montt, uno de los presidentes chilenos que recibió la propuesta educativa (que en la Argentina fue la Ley 1420) de manos de Sarmiento, se escandalizó y rechazó la iniciativa al considerar que no había que tener una escuela donde aprendiera su hijo (un oligárquico) y “el hijo de la sirvienta”. Sarmiento la impulsó en la Argentina, y todos internalizamos que la educación debe ser pública, gratuita y calidad. Fue, sin dudas, una fenomenal política de inclusión social en el siglo XIX e inédita en toda la América. La historia le dio la razón a Sarmiento. Argentina tiene cinco premios nóbeles, de los cuales tres son por sus trabajos científicos (Bernardo Houssay, Luis Federico Leloir y César Milstein, todos producto de la educación pública) y dos por la ciencias sociales (Carlos Saavedra Lamas y Adolfo Pérez Esquivel). Chile todavía no tiene ninguno.

    Por su parte, Perón fue el que entendió y percibió la potencialidad del país en su momento histórico. De manera paralela, motorizó y estableció diferentes leyes obreras que obraron en la dignidad del trabajador y en una mejor condición laboral. También promovió la industrialización de las industrias manufactureras a partir de la consolidación  de un mercado interno fuerte. Tampoco dejó de la industria que surgía desde el Estado. En líneas con las empresas nacionales que promovieron los generales Savio y Mosconi, Acindar e YPF, Perón potenció la producción en áreas estratégicas bajo el amparo de Fabricaciones Militares, o la Comisión Nacional de Energía Atómica. Y en el plano educativo, en línea con la tradición sarmientina, no sólo la potenció con presupuesto y más escuelas sino que en el caso de la Universidad, la hizo de ingreso irrestricto y gratuita, un paso que muchas veces es soslayado. Y no hay que olvidarse de la creación de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), que fue fundada en 1948 bajo el nombre de la Universidad Obrera Nacional.

    A modo de síntesis, digo y me respondo: hoy somos ese país diferente en el marco de América latina, por desarrollo educativo, inclusión social, progreso en las ciencias, altas mejoras en las condiciones de los trabajadores y la industrialización del país, producto de las ideas rectoras de un Perón y un Sarmiento.